Estudio bíblico: Amós y Amasías - Amós 7:10-17

Serie:   Introducción a los profetas menores   

Autor:   Natanael León   Email:   natanaeleon@hotmail.com
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Amós y Amasías - Amós 7:10-17

Como buen profeta de Dios, Amós tuvo que enfrentar diversas tentaciones: cambiar la fidelidad a Dios por su propia seguridad personal, buscar el éxito en su ministerio y la prosperidad en lugar de obedecer a Dios. Sin embargo, Amós era un profeta auténtico y sin dudarlo antepuso la misión encomendada a su propio bienestar. Él había recibido un fuerte llamamiento de parte de Dios y no profetizaba con el propósito de hacer negocio. Por todo esto tuvo que sufrir amenazas, pero Dios vindicaría finalmente su Palabra.

Amós y Amasías - (Amós 7:10-17)

Introducción

En el estudio anterior hemos tenido la oportunidad de examinar brevemente las tres primeras visiones de Amos:
Con las dos primeras tuvimos la oportunidad de conocer a Dios obrando en su misericordia y paciencia al atender la oración de su siervo y dilatar en el tiempo su justo juicio, dando así una nueva oportunidad para el arrepentimiento al pueblo. Pero con la segunda le hemos conocido en su justicia y santidad. Finalmente aquel tiempo había concluido y la hora del juicio había llegado. Aunque con diferentes propósitos, pues distinguimos entre aquellos que han rechazado el Evangelio y aquellos que lo han recibido, un día Dios va a aplicar Su plomada a la vida de todos los hombres.
Ahora llegamos a uno de los pasajes más hermosos de este libro, el encuentro de Amós con el falso sacerdote de Betel.

Paréntesis histórico (Am 7:10-17)

El lugar desde el cual Amós estaba predicando no era cualquier ciudad o pueblo de Israel, era el principal santuario del país: Betel, donde se adoraba a Dios bajo la forma de un becerro. Este lugar era sin duda una gran plataforma para expandir su mensaje. Esto por dos motivos:
  • Por lo variado de su auditorio. Hasta allí acudían gentes de todos los rincones del país, de las ciudades importantes o de las pequeñas aldeas. Pero también pobres y ricos. No olvidemos que allí acudía el rey a adorar y tenía una residencia temporal. De ahí la frase: "santuario del rey y capital del reino" (Am 7:13).
  • Este auditorio se renovaba constantemente. El peregrino que acudía a Betel probablemente no estaba más de dos o tres días, incluso menos, y su lugar era ocupado por otra persona. Siempre habían personas nuevas escuchando al profeta.
Las posibilidades de que su mensaje se extendiera como la pólvora eran muchas y esto empezó a incomodar especialmente a las autoridades religiosas. ¿Por qué? Pues porque aquella predicación:
  • Denunciaba la falsedad de la religión estatal, que a pesar de lo hermoso y elaborado del culto que tenían, en realidad Dios no estaba "por/con ellos" como predicaban sino "contra ellos".
  • Ponía en peligro la posición de privilegio que gozaban ante las autoridades y ante el pueblo como "mediadores entre el hombre y Dios".
  • Ponía en evidencia cómo se habían amoldado al sistema y cómo en realidad justificaban la injusticia. Los intereses económicos y personales podían más que la Verdad de Dios.
Así que, como mucho más tarde sucedió también con nuestro Señor Jesucristo, como sucedió con los Apóstoles, y como sucede con la Iglesia de Dios y los creyentes cuando somos fieles al mensaje... la oposición no tardó en aparecer. En este caso estuvo encarnada por Amasías, el sacerdote del rey en Betel, y posiblemente la máxima autoridad religiosa del lugar.
Les llamo la atención a las siguientes palabras:
"No hay servicio a Dios sin oposición, persecución y pruebas. Esta verdad se presenta sobre la superficie del relato... y bien vale la pena que la encaremos francamente".
Y continua escribiendo este hermano: "¡Cuan frecuentemente los siervos de Dios se desploman cuando les sobrevienen dificultades y oposiciones! La Escritura dice muy claramente: "No os sorprendáis..." (1 P 4:12); no obstante nos sorprendemos".
Lo más probable es que Amasías llevaba tiempo buscando la ocasión para actuar contra el profeta, hasta que por fin le pareció encontrarla en las palabras del su última predicación:
(Am 7:9) "Los lugares altos de Isaac serán destruidos, y los santuarios de Israel serán asolados, y me levantaré con espada sobre la casa de Jeroboam."
El ataque de Amasías pudo tener tres fases o momentos distintos. Consistió en:
Primero, en denunciarlo falsamente ante el rey. Segundo, intentar seducirlo para que traicionase el llamado de Dios y el mensaje recibido. Tercero, intentó someterlo a su autoridad.

La reacción de Amasías, sacerdote de Betel (Am 7:10-13).

1. La falsa denuncia (Am 7:10-11)
(Am 7:10-11) "Entonces el sacerdote Amasías de Bet-el envió a decir a Jeroboam rey de Israel: Amós se ha levantado contra ti en medio de la casa de Israel; la tierra no puede sufrir todas sus palabras. Porque así ha dicho Amós: Jeroboam morirá a espada, e Israel será llevado de su tierra en cautiverio."
La frase "se ha levantado contra ti" tiene el sentido de: "se ha puesto de acuerdo con otros contra ti". No era una acusación cualquiera, era de conspirar contra el rey.
¿Y cómo pudo construir semejante acusación? Mezclando verdades con medias verdades y alguna mentira hasta conseguir una imagen falsa pero creíble del profeta.
Un comportamiento que podríamos calificar de "diabólico", gestado en "las profundidades del infierno" y sin embargo, pese a su maldad, un recurso muy recurrente propio de la condición humana caída.
Amasias transformó el mensaje de Amós en algo así como: "van a sobrevenir grandes males a la nación por culpa del rey, el rey Jeroboam debe morir si queremos evitarlo".
Es verdad que Amós anunció derrota y cautiverio para el pueblo, pero el remedio que proclamó no era una revuelta sino arrepentimiento, una conversión genuina al Señor.
Él no dijo que "Jeroboam moriría a espada" y menos aún incitó a matar al rey, lo que dijo fue "me levantaré (el Señor) con espada sobre la casa de Jeroboam". Anticipando así las derrotas militares de Israel y como la dinastía de Jeroboam iba a desaparecer por las luchas internas de poder.
¡Con qué habilidad es el hombre capaz de torcer las palabras y hacerlas decir lo que quiere según la oportunidad y su interés! ¡Que peligrosas son las palabras sacadas fuera de su contexto! ¡Que Dios nos libre de caer en estas prácticas!
Hay todavía, en la acusación de Amasías contra Amós, una frase más para comentar: "...la tierra (en referencia a las personas que la habitan) no puede sufrir todas sus palabras".
Ahora el testimonio de Amasías sí que es verdadero, y además señala una gran verdad bíblica: Frente a la Palabra de Dios solo hay dos opciones: Obedecerla de corazón o bien resistirla.
Cuando se resiste de manera persistente el corazón se endurece y la Palabra se vuelve insoportable e intolerable. Así estaba sucediendo con el auditorio de Amós. Como bien dijo aquel sacerdote, las "gentes de la tierra", los que tienen su corazón en las cosas de este mundo, no la podían soportar.
(Jn 3:19-20) "Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas."
¿Tuvo efecto la denuncia? ¿Actuó el rey contra Amós o la archivó considerando al profeta como "pobre loco"? No lo sabemos. Lo cierto es que Amasías no se quedó quieto esperando a ver que sucedía sino que entre tanto dio un paso más.
2. La seducción (Am 7:12). Una invitación a traicionar su llamado y su mensaje.
(Am 7:12) "Y Amasías dijo a Amós: Vidente, vete, huye a tierra de Judá, y come allá tu pan, y profetiza allá"
A continuación intenta seducirlo para que traicione su llamado y mensaje. ¿Y cómo lo hace? Echando dudas sobre sus motivaciones para servir a Dios, y esto de tres maneras:
Primero: Con una incitación a salvar su propia vida. "Vidente, vete, huye...". Del contexto es fácil deducir las palabras "te lo digo por tu propio bien", "es para evitarte una desgracia". Observemos el "cinismo" de este hombre. Lo ha vendido delante del rey con una denuncia falsa y ahora, por un momento, se presenta como alguien preocupado por su vida, como un amigo que tiene un buen consejo que dar. Pero ¡vaya amigo! Un "amigo" que le aconseja desobedecer a Dios. ¡Cuidado hermanos con tales personas!
Segundo: Una incitación velada a buscar el éxito en el ministerio: "huye a tierra de Judá...". ¿Por qué a tierra de Judá? Porque allí el mensaje va a ser bien recibido, la gente escucharía con agrado un mensaje contra Samaria y su rey. ¡Tendría un éxito asegurado! "¿Se puede desear más?" Está insinuando Amasías. ¿Saben cual es el problema de este "buen consejo"? Que Dios no le mandó a predicar en Judá, donde tendría éxito, sino en el norte donde más falta hacía. Un verdadero siervo de Dios, y por extensión todo creyente fiel, debe saber que por encima del aprecio que podamos despertar o del éxito personal está la obediencia al llamado de Dios y la fidelidad a la Palabra.
Tercero: le empuja a anteponer el sustento económico: "y come allá tu pan, y profetiza allá". Amasías no solo lo tienta a cambiar el Norte (Israel) por el Sur (Judá) y el fracaso por el éxito, sino también a asegurarse el sustento económico y cierta prosperidad. Amasías pensaba que Amós estaba "en esto de profetizar", "en las cosas de Dios", por dinero, como un modo de ganarse la vida. Creía que Amós era como él. Desconocía que servir a Dios es un privilegio que bien merece esfuerzo y sacrificio, desconocía lo que significa ser llamado por Dios para servirle. Esta última incitación, la de anteponer la seguridad económica o una cierta prosperidad material, es una forma de tentación que ha hecho fracasar a muchos cristianos sinceros en su testimonio y servicio al Señor a lo largo de la historia. Una cadena muy fuerte que nos ata y, en muchas ocasiones, nos impide vivir entregados a la voluntad del Señor.
3. La prohibición (Am 7:13). Un intento de someterlo a su autoridad.
(Am 7:13) "Y no profetices más en Bet-el, porque es santuario del rey, y capital del reino."
Si hubiese empezado con la prohibición lo más probable es que se hubiese encontrado con un rechazo. Así que antes de llegar a este punto Amasías se había procurado "suavizar el camino" predisponiendo al profeta a su favor. Teniendo en cuenta su amistad fingida y los buenos consejos (asegurar la seguridad personal, el éxito, y la prosperidad) esta prohibición ya no debiera sonar a tal, y además habían buenas razones para asumirla voluntariamente.
¡Qué astuto es el diablo a la hora de intentar confundir a los hijos de Dios! ¡De justificar la desobediencia con buenos argumentos!
Las palabras "Betel... es santuario del rey y capital del reino" ya las hemos explicado anteriormente. Indica que el rey acudía allí para cumplir sus obligaciones religiosas, que tendría una especie de capilla privada reservada, además de una residencia donde pasaba más o menos largas temporadas. En consecuencia no se podía consentir que de repente apareciera por allí y escuchara a un profeta como Amós diciendo esos "disparates".

La respuesta de Amós, el profeta de Dios, (Am 7:14-17)

Dos cosas que podemos admirar e imitar de este siervo de Dios:
  • Su integridad: La tentación, el intento de seducción al que le sometió Amasías, eran fuertes (le ofreció seguridad personal, éxito en su ministerio y prosperidad, y sin tener que dejar "las cosas de Dios"). Sin embargo supo anteponer la misión encomendada y la Palabra recibida a su propio bienestar ¿Cómo actuaríamos ante una situación como esta?
  • Su valentía: Había que ser valiente para responder como lo hizo al sacerdote de Betel. Desde el principio Amós sabía que aquella actitud amistosa de Amasías era falsedad, que sus proposiciones eran lo más parecido a un caramelo envenenado y que contrariarlo podría ser peligroso... pero aún así le hizo frente y le respondió con contundencia. Veamos ahora cómo lo hizo.
La respuesta del profeta tiene al menos tres partes:
1. Amós aclara quién es él
(Am 7:14) "Entonces respondió Amós, y dijo a Amasías: No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres."
Amasías pensaba que Amós era uno más de los profetas profesionales que abundaban en Israel (tanto el norte como el sur). Personas que vivían de "profetizar en el nombre del Señor", que se hacían notar en los alrededores del templo y de los santuarios, y que vendían sus servicios al mejor postor.
Por tanto lo primero que hace Amós es desmentir esa idea, de ahí las palabras "no soy profeta", un profeta de esos, y añade "ni hijo de profeta".
Esto último hace referencia a las "escuelas de profetas" que desde muy temprano existieron en Israel. Eran grupos posiblemente de jóvenes con ciertas inquietudes espirituales que, quizás bajo la supervisión de un profeta, se preparaban para este ministerio. Encontramos testimonio de ello en tiempos tan antiguos como los de Samuel (1 S 19:20). Es posible que Isaías también tuviese un grupo de estos discípulos a su alrededor (Is 8:16-18).
El problema estuvo en que muchos de estos hombres, no todos, terminaban tomando este ministerio como un medio de vida, en el sentido de un negocio, profetizando al gusto de aquel que los había tomado a sueldo e incluso adoptando costumbres cananeas para dar mayor veracidad a sus palabras. Estos son los que el A.T. llama falsos profetas. Sobre ellos escribe el profeta Miqueas:
(Mi 3:5) "Así ha dicho Jehová acerca de los profetas que hacen errar a mi pueblo, y claman: Paz, cuando tienen algo que comer, y al que no les da de comer, proclaman guerra contra él"
(Mi 3:11) "Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros."
Pero volvamos al caso de Amós. Después de desvincularse de esa clase de hombres, continua: "sino que soy boyero, y recojo higos silvestres". Boyero, es decir que cuida ganado mayor (vacas, bueyes), incluso podría entenderse que los tenía en propiedad. También se dedicaba a "picar higos", una referencia al fruto del sicómoro, que necesitaba de una pequeña incisión para madurar correctamente.
¿Qué quería decir con esto? Sencillamente que ya tenía una profesión, que no necesitaba dedicarse a profetizar para ganarse la vida. Si estaba allí, y además jugándose la vida, era porque estaba impulsado por una motivación más noble ¿Cuál?
2. Señala su llamado
(Am 7:15) "Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel."
Al contrario que otros muchos en Israel y Judá, él realizaba este ministerio por llamamiento divino. Fue el Señor mismo quien lo llamó y de dijo: "ve y profetiza a mi pueblo Israel". ¿Corría peligro su vida? Sí; ¿Sus palabras empezaron a resultar impopulares? También, pero lo importante era que estaba en el lugar señalado y cumpliendo con la misión encomendada.
Los comentaristas llaman la atención sobre la fuerza que tienen las siguientes palabras: "Y Jehová me tomó de detrás del ganado..."
Este me tomó se puede traducir como "arrebatar" o "sacar". Es decir se trató de un llamado al cual no pudo resistir. Este llamado lo experimentó mientras estaba ocupado en su trabajo y no nos equivocamos si añadimos "y entregado a la meditación".
3. Da una prueba respecto a la veracidad de su llamamiento
(Am 7:16-17) "Ahora, pues, oye palabra de Jehová. Tú dices: No profetices contra Israel, ni hables contra la casa de Isaac. Por tanto, así ha dicho Jehová: Tu mujer será ramera en medio de la ciudad, y tus hijos y tus hijas caerán a espada, y tu tierra será repartida por suertes; y tú morirás en tierra inmunda, e Israel será llevado cautivo lejos de su tierra."
Amasías había menospreciado al profeta y su mensaje. Ahora iba a descubrir por medio de una experiencia extremadamente dolorosa que Amós era efectivamente un verdadero profeta y que su palabra provenía de Dios mismo.
Amós le anunció, de parte de Dios, lo que sucedería a él y su familia cuando finalmente llegase el juicio divino en forma invasión por parte de los asirios. Lo que pasaría con ellos cuando finalmente las ciudades y santuarios de Israel fuesen destruidos y el pueblo llevado lejos en cautiverio.
Los hijos morirían en la guerra, sus propiedades repartidas a nuevos pobladores y si bien él sobreviviría, moriría lejos de la tierra de Israel. Padecería el destierro.
De su esposa se dice "tu mujer será ramera en medio de la ciudad". Hay dos maneras de entender esta frase: Bien que la situación se volvería tan desesperada para ella que se vería obligada a esta forma de vida para subsistir (su esposo estaba lejos y sus hijos habían muerto), o bien que los soldados asirios abusarían de ella, como de otras mujeres, en las calles de Betel.
¡Que manera tan amarga de aprender que la Palabra de Dios es verdad y que no puede ser burlada! Preferible le hubiese sido escuchar al profeta desde el principio y volverse a Dios en arrepentimiento.
No hay ningún provecho en resistir al llamado de Dios al arrepentimiento y fe en nuestro Señor Jesucristo. Resistir el Evangelio, ignorarlo, despreciarlo como improbable, no va a cambiar su Verdad ¿Por qué experimentar la realidad del juicio y el castigo eterno por el pecado cuando hoy Dios te ofrece la oportunidad de escapar de él?

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