Estudio bíblico: Los juicios de Jehová son ineludibles - Amós 9:1-10

Serie:   Introducción a los profetas menores   

Autor:   Natanael León   Email:   natanaeleon@hotmail.com
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Los juicios de Jehová son ineludibles - Amós 9:1-10

Y ahora llegamos a la última de las cinco visiones de Amós. Se la conoce como "la visión del altar" puesto que es allí donde Amós ve al Señor y donde transcurre la escena.
¿A qué altar se refiere? Hay quienes opinan que se refiere al altar de Jerusalén, en el templo, pero lo más probable es que se refiera al altar que había en el santuario de Betel. La mención al monte Carmelo (que está en el norte), y la similitud de la visión con la escena del encuentro de Amós con el sacerdote de Betel refuerzan esta interpretación.

La visión: "Nadie escapará del justo juicio de Dios"

(Am 9:1-4) "Vi al Señor que estaba sobre el altar, y dijo: Derriba el capitel, y estremézcanse las puertas, y hazlos pedazos sobre la cabeza de todos; y al postrero de ellos mataré a espada; no habrá de ellos quien huya, ni quien escape. Aunque cavasen hasta el Seol, de allá los tomará mi mano; y aunque subieren hasta el cielo, de allá los haré descender. Si se escondieren en la cumbre del Carmelo, allí los buscaré y los tomaré; y aunque se escondieren de delante de mis ojos en lo profundo del mar, allí mandaré a la serpiente y los morderá. Y si fueren en cautiverio delante de sus enemigos, allí mandaré la espada, y los matará; y pondré sobre ellos mis ojos para mal, y no para bien."
Antes de continuar es necesario remontarnos 180 años atrás en la historia de este pueblo, cuando Jeroboam I separó a las diez tribus del norte para formar el reino de Israel. Ya sabemos que para asegurar su trono y evitar que se volviesen tras la descendencia de David que aún reinaban en Judá, en el sur, hizo una "adaptación libre" de las leyes de Moisés para el culto e inventó una religión a su medida aunque con apariencia de verdad: además de los dos becerros de oro, establecer Betel como el santuario principal y poner sacerdotes a su conveniencia, inventó una nueva fiesta religiosa. Una fiesta que tenía al menos las siguientes características (1 R 12:32-33):
  • Se celebraba en el mes octavo, el día 15 (terminado el año agrícola).
  • Era parecida a la fiesta que se celebraba en Judá (posiblemente la fiesta de los Tabernáculos).
  • Jeroboam mismo oficiaba en el altar, o al menos ocupaba un lugar preferente junto al mismo (1 R 12:33) "...y subió al altar para quemar incienso".
Como alguien escribió: "¡una fiesta espuria, celebrada sobre un altar espurio, como apoyo a una monarquía espuria!" (J. A. Motyer).
Y fue precisamente que "estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso", nos referimos al primer Jeroboam, (1 R 13:1) vino un profeta de parte de Dios desde Judá con palabras de juicio.
Pasan los años (180 aproximadamente) y, solemnes coincidencias de Dios, otro Jeroboam está ahora sobre el trono de Israel y otro profeta de Dios, de nombre Amós, ha llegado desde Judá también a Betel con un mensaje de juicio.
Y siguiendo con las similitudes, no sería difícil imaginar que esta visión la recibe Amós en el tiempo en que el santuario de Betel se preparaba para tan solemne festividad. Era la siguiente gran fiesta que seguía al fin del año agrícola.
Una gran multitud del pueblo y toda la nobleza se habían dado cita en el día en que Jeroboam II, siguiendo la tradición, presidiría la ceremonia junto al altar. Incluso es posible que Amós, como el primer profeta, también estuviese presente en aquella ceremonia.
¿Fue durante la ceremonia que Amós recibe la visión e impulsado por Dios la interrumpe con estas palabras? ¿Fue poco después? No lo sabemos. Pero todo esto si que nos ayuda a comprender lo dramático del momento y darnos cuenta de que el Señor sabe escoger los tiempos.
¿Qué vio Amós? A diferencia de lo que marcaba la tradición de Betel, no vio al rey ocupando el lugar junto al altar sino al Verdadero Rey, al Soberano, a Adonai, parado junto al altar.
"Vi al Señor que estaba sobre el altar" (Am 9:1), aunque mejor: "... junto al altar"; y no para ofrecer incienso, dando su aprobación a todo lo que se había hecho, sino para ordenar juicio sobre aquel culto idolátrico y sobre todos los presentes.
"Y dijo: Derriba el capitel, y estremézcanse las puertas, y hazlos pedazos sobre la cabeza de todos". El capitel es la parte alta de las columnas, donde descansa el techo, con lo cual al ser quitado este pierde su apoyo y se derrumba. Para muchos comentaristas lo que se está describiendo aquí son las consecuencias de un terremoto ordenado por Dios en juicio sobre aquellas gentes.
"No habrá de ellos quien huya, ni quien escape". Esto expresa lo ineludible del juicio que habría de venir sobre estas personas no arrepentidas. Si no los mata el desplome del edificio los matará la espada, es decir la guerra, son las palabras de Adonai, el Señor. Recordemos que esta visión nos está trasladando al momento final para este pueblo, cuando el tiempo de la gracia concluyó para ellos, al momento de recibir conforme a sus pecados.
Los versos de (Am 9:2-4) hablan de hipotéticos intentos de escapar del juicio de Dios y también de la absoluta imposibilidad de evitar la condenación. De ahí el título que hemos dado a este párrafo "Nadie escapará del justo juicio de Dios".
  • (Am 9:2) Si pudieses excavar hasta las entrañas de la tierra, hasta el lugar de los muertos, el Seol, o yendo al otro extremo, subir a las cumbres más altas, los cielos, hasta allí los alcanzará el poder de Dios.
  • (Am 9:3) La referencia al monte Carmelo es muy interesante. Está situado al norte de Israel pero cerca de la costa. Es un lugar poblado de frondosos bosques y en sus laderas hay cientos de cuevas. Por tanto, el lugar ideal para perderse y que nadie te encuentre. ¿Pero qué dice el Señor? "Allí los buscaré y los tomaré". Tampoco el fondo del mar, lugar todavía incluso en el día de hoy imposible para el hombre, será un lugar seguro para esconderse de Dios: "mandaré a la serpiente y los morderá". Al parecer los antiguos creían que el fondo del mar estaba habitado por una gran serpiente. Pues si así fuese, tal monstruo, obedeciendo al Señor, también los atacaría.
  • (Am 9:4) Este verso plantea la posibilidad de que para escapar del juicio y salvar la vida ellos se entregaran voluntariamente a sus enemigos. Aun así, que no tengan duda, el juicio los perseguirá y no escaparán. "Pondré sobre ellos mis ojos para mal, y no para bien". "Poner los ojos sobre", referido a Dios, se relacionaba con disfrutar del favor de Dios. Era sinónimo de bendición. Sin embargo ahora indican todo lo contrario. Su propósito firme e inalterable de ejecutar su juicio hasta el final. Se cumple así lo dicho por el Señor en (Dt 28:63).
Estos versos, donde vemos al hombre tratando de escapar inútilmente del justo juicio de Dios, recuerdan el (Sal 139:7-10), donde el autor se pregunta si habrá en la creación un lugar a donde Dios no llegue, para finalmente concluir que no existe tal cosa.
Pero me gustaría que nos fijásemos en un texto del Nuevo Testamento que guarda paralelos con esta porción de Amós. Nos referimos a (Ro 8:35-39) ¿Vemos las semejanzas? Las referencias a la angustia, el peligro, la espada, y en especial a lo alto y lo profundo y a toda cosa creada, ya nos invitan a relacionarlos. Pero hay más. Ambos textos nos muestran al Dios Infinito y Todopoderoso actuando con un propósito:
  • En el primer caso, en Amós, actuando contra la injusticia, aplicado a la tarea de juzgar el pecado (Sal 7:11).
  • En el segundo caso, en la carta a los romanos, aplicado a la tarea de preservar a sus hijos frente a toda clase de mal. Si en Amós "Sus ojos estaban sobre ellos" para el mal, aquí se nos muestra al mismo Dios con "Sus ojos puestos sobre nosotros" para nuestro bien.
¿Y sabemos qué marca la diferencia en el actuar de Dios en un caso y otro? El arrepentimiento y la conversión a Dios. Lo primero es la consecuencia de rechazar el Evangelio, lo segundo, de escuchar el Evangelio y someternos a Cristo. Por tanto: ¡Nadie, NADA, nos puede separar del Amor de Dios!
Quizás sea conveniente recordar que estas palabras en Romanos no son una promesa de que no pasaremos por situaciones de angustia o tribulación, que no recibiremos ataques aun de los poderes de las tinieblas, o que el padecer o no estas cosas está condicionado a "un amor fuerte a Dios de nuestra parte".
Este "nada ni nadie nos puede separar del amor de Dios" son en primer lugar palabras que nos dan seguridad respecto a nuestra salvación eterna, estamos seguros en Cristo. Pero además nos aseguran no la ausencia de males sino la presencia de Dios en medio de todas nuestras situaciones, cualesquiera que sean, y de su mano obrando para bien en medio de ellas. En esto consiste su amor para con nosotros.

La grandeza de Dios

(Am 9:5-6) "El Señor, Jehová de los ejércitos, es el que toca la tierra, y se derretirá, y llorarán todos los que en ella moran; y crecerá toda como un río, y mermará luego como el río de Egipto. El edificó en el cielo sus cámaras, y ha establecido su expansión sobre la tierra; él llama las aguas del mar, y sobre la faz de la tierra las derrama; Jehová es su nombre."
¿Por qué es imposible escapar del juicio de Dios? ¿Por qué las alturas, las profundidades, o los lugares remotos no son lugar seguro para esconderse de Dios?
No olvidemos la mentalidad pagana de la época y de la cual bebía Israel. Para los antiguos, los dioses estaban limitados a una ciudad o a un territorio, e incluso a una determinada tarea (la tormenta, la fertilidad, las cosechas, la guerra etc.). El más poderoso era el dios que sometía más ciudades, que acumulaba más funciones o que controlaba más dioses menores.
Aquellos Israelitas, influenciados por esta forma de pensar, habían limitado a Dios a estos esquemas. Por eso era aceptable adorar a los dioses de Egipto a la vez que a Dios. O creían que podían refugiarse de su ira en un lugar remoto, bajo la protección de otro dios.
Les ocurría lo que muchas veces sucede aún con algunos cristianos, que llegamos a pensar que Dios es solo un dios del domingo y no del resto de la semana, o que solo tiene que ver con ciertos aspectos o momentos de mi vida, y el resto lo gobierno yo a mi antojo.
Veamos la respuesta de Amós a esta forma de pensar y saquemos conclusiones también para nuestras vidas:
¿Por qué era imposible escapar? (Am 9:5) Sencillamente porque "Adonai Yahveh Sebaot", el Señor Jehová de los Ejércitos, no es como esos dioses falsos. Él es Señor sobre toda la tierra. ¡Mirad lo que ocurre cuando la toca! dice el profeta: "¡Esta se derrite!" "¡Se levanta y se hunde!".
Esto nos lleva a pensar en los grandes fenómenos naturales, los cataclismos, como los volcanes, los ríos de lava, los terremotos etc. Todas estas cosas no escapan a sus leyes ni a su control.
La expresión, "y llorarán todos los que en ella moran", recuerda una vez más la incapacidad del hombre para enfrentarse a "las fuerzas de la naturaleza"; cada vez que algo de esto se desata queda al descubierto nuestra fragilidad y la necedad de gloriarse en el hombre en vez de confiar en Dios.
También llamamos la atención a la frase, "como el río de Egipto", una referencia al Nilo, y que también aparece en (Am 8:8). No se trata de un simple recurso poético. Las excavaciones arqueológicas en Samaria, a partir del año 1931, sacaron a la luz imágenes de los dioses Egipcios Isis y Horus, es decir, de la esposa y del hijo del Dios Osiris (el dios del Nilo). Dioses que de una manera abierta o en secreto eran adorados en Israel. Con estas palabras Amós está declarando su supremacía aún sobre los "dioses" de aquella poderosa nación.
¿Por qué es imposible escapar? (Am 9:6) Ahora Amós presenta a Dios como:
  • Gobernador del Universo. Él ha colocado su trono en el cielo, Señoreando sobre todo.
  • Creador de todas las estrellas. Todo el espectáculo nocturno de innumerables estrellas, todo lo que no se ve y aún el mismo sol que reina sobre el día aquí en la tierra le pertenecen.
  • Controla el ciclo de la lluvia. Es Él quien la controla tomándola del mar, los lagos, y dejándola caer sobre la tierra. Por tanto la vida del ser humano está en sus manos.
¿Se puede escapar de Dios? La respuesta es NO. Aquellos que piensan de Él que pueden burlarlo, manipularlo o imponer su voluntad es porque realmente no le conocen o han perdido de vista Su grandeza y Su majestad. ¿Ha sucedido esto en nuestras vidas?
Si relacionamos esta descripción de Dios con Aquel que ha puesto sus ojos sobre Israel para juicio, es para echarse a temblar. Si la relacionamos con Aquel que ha puesto sus ojos sobre nosotros para bendecirnos por medio de Cristo, entonces debiéramos de vibrar de emoción en todo nuestro ser y caer de rodillas delante de Él como expresión de adoración.
Sin duda necesitamos más de esta "segunda visión de Dios" (Am 9:6) en nuestras vidas. Necesitamos verle en esta toda su grandeza y magnificencia preocupándose por nosotros y dispuestos a bendecirnos en Cristo. Entender estas cosas y apropiarnos de ellas por la fe nos alienta en medio de las luchas de la vida y trae descanso y paz a nuestros corazones.
Sin embargo, en muchas ocasiones, también necesito de esta "primera visión Dios" (Am 9:5). Es decir, verle en toda su grandeza y poder ocupado en juzgar el mal para no olvidar la realidad de Su Santidad, la seriedad del pecado, o la reverencia que debo tener ante Él. Sin duda que este santo temor evitaría muchos desvaríos en nuestra vida.
No dejemos que ninguna de estas dos visiones de la grandeza y poder de Dios se solapen u oculten una con la otra de tal manera que distorsionen Su imagen. Las dos son necesarias para mantener un sano equilibrio de nuestra visión de Dios y de nuestra relación con Él.

Frente al pecado no hay situaciones de privilegio (vs. 7-10)

(Am 9:7) "Hijos de Israel, ¿no me sois vosotros como hijos de etíopes, dice Jehová? ¿No hice yo subir a Israel de la tierra de Egipto, y a los filisteos de Caftor, y de Kir a los arameos?"
Un verso que nos permite contemplar a Dios en otra faceta de su soberanía. El es también Soberano sobre la historia de los hombres. Aún las migraciones de los pueblos y sus vicisitudes históricas no escapan a su control y además son usadas para el adelanto de sus propósitos. Y alguien añadía esta pregunta después de realizar esta afirmación: ¿Es Él Señor en nuestras vidas?
Sin embargo el propósito de estos versículos es otro. Contiene un serio mensaje que podríamos resumir así: "frente al pecado no hay privilegios". Nadie debiera utilizar su posición o situación para justificar en sí mismo el pecado que condena en el otro. Y esto sencillamente porque Dios no lo hace.
Aquel pueblo se consideraba "especial" ante los ojos del Señor a causa del acontecimiento del Éxodo. Dios los había libertado en forma milagrosa, en consecuencia eran el pueblo de Jahveh y este tenía la obligación de cuidarlos y protegerlos. Vivían aferrados a un hecho histórico como si "el vivir a este lado del Éxodo" les asegurara de por sí, automáticamente, la bendición de Dios.
Una falsa seguridad que el profeta quiere desmontar. Es verdad que son el pueblo de Dios, que tienen lugar de privilegio y responsabilidad como ninguna otra nación en la tierra, pero se olvidan de algo muy importante: "que frente al pecado no existen situaciones especiales", que a Dios le sigue importando la obediencia, la santidad y la vida diaria de los que forman su pueblo. Es en este sentido que Dios les dice que son como los demás pueblos de la tierra, por eso los asemeja a los Etíopes "¿no me sois vosotros como hijos de etíopes, dice Jehová?".
El Éxodo de Egipto fue sin duda una gran obra de Dios a favor de ellos, pero no puede usarse como argumento para justificar una vida egoísta en desobediencia a Dios. De ahí que sitúe el "éxodo israelita" al mismo nivel que el "éxodo de los filisteos" o que el "éxodo de los arameos". También la mano de Dios estaba tras ellos.
Los "filisteos de Caftor" al parecer es una referencia a la isla de Creta. "De Kir a los arameos"; los arameos es una referencia a los sirios y Kir posiblemente a un territorio de la lejana Mesopotamia.
Esta actitud equivocada de aquellos israelitas de vivir aferrados a un hecho histórico como si les hiciese beneficiarios automáticos de ciertas bendiciones, sin importar la clase de vida que llevaban, el carácter y la comunión con Dios y con el prójimo es un punto de reflexión:
  • Nuestra conversión, nuestro bautismo (un testimonio público de nuestra fe), no son metas en sí mismas sino momentos que marcan el comienzo de nuestra vida cristiana, de una vida en progresivo compromiso con nuestro Señor.
  • El haber vivido una etapa de mayor compromiso en la obra del Señor, de intenso esfuerzo, de sacrificio etc. no justifica una forma de vida egoísta, cómoda o indolente en el presente.
  • Que en nuestra experiencia haya habido momentos de intensa intimidad con el Señor, experiencias hermosas, difíciles de explicar, no justifican una vida descuidada, de apatía o incluso desobediencia o pecado ahora en nuestras vidas.
Este vivir del pasado descuidando el presente genera:
  • Frustración y desencanto pues nos alejan de los propósitos de Dios para nuestras vidas.
  • Vacío e infelicidad pues nos aleja de sus bendiciones.
  • Y además disciplina: "Porque el Señor corrige a quien él ama, y castiga a aquel a quien recibe como hijo." (DHH).
Escuchemos la voz del Señor por medio del apóstol Pablo que nos dice: "Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la menta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Fil 3:13-14).
(Am 9:8) "He aquí los ojos de Jehová el Señor están contra el reino pecador, y yo lo asolaré de la faz de la tierra; mas no destruiré del todo la casa de Jacob, dice Jehová."
No olvidemos el título que hemos dado a estos versos: "Frente al pecado no hay situaciones de privilegio", no vale escudarse tras una posición privilegiada, o en un pasado "glorioso", para justificar el pecado o la desidia presente. De ahí las palabras con que empieza este versículo: "He aquí los ojos de Jehová el Señor están contra el reino pecador".
"¡Reino pecador!" ¡Que palabras tan duras para un pueblo confiado en su religiosidad y que creía cumplir con "sobresaliente" los deberes en esta materia!
Pero no podía ser de otra manera. Lo verdaderamente importante no es el cómo nos vemos a nosotros mismos, sino cómo nos ve el Señor. Esta es sin duda la opinión que finalmente prevalecerá. De ahí la necesidad que ellos tenían de escuchar a los profetas y desechando las enseñanzas y añadidos humanos volverse de todo corazón a la Palabra revelada de Dios. Que terrible será el día cuando tantas y tantas personas que han vivido confiando en su propia justicia o descansando en alguna de las muchas religiones que los hombres han inventado (los unos desechando la predicación del evangelio, los otros desechando una búsqueda sincera de Dios), tengan que escuchar las palabras que dijo Jesús en (Mt 7:21-23): "Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad".
Y continúa este verso: "Y yo lo asolaré de la faz de la tierra", y efectivamente, años más tarde, unos treinta, los asirios "borraron" literalmente el reino del Norte de la faz de la tierra para siempre. No solo porque conquistaron la tierra, destruyeron y se llevaron gran parte de sus habitantes como cautivos, sino porque efectivamente aquel reino nunca más llegaría a existir como entidad independiente. La mayor parte de los que fueron deportados terminaron siendo asimilados por los pueblos donde estaban, y la mayoría de los que quedaron en la tierra acabaron mezclándose con las gentes de otros pueblos que trajeron para repoblar el norte de Israel (2 R 17:24).
En consecuencia ese mito de "las 10 tribus perdidas de Israel" que después de la derrota a manos de los asirios viajan hasta el norte de Europa e incluso llegan a América, no es más que eso; un mito, una ficción, algo inverosímil.
Tengamos en cuenta que todas las promesas de restauración que encontramos en el A.T. referentes al pueblo de Dios no son de un Israel dividido (el norte y el sur) sino unificado, tomando como base el reino del sur, Judá, y su capital Jerusalén. Es más, la Escritura contempla un futuro glorioso para Israel con los supervivientes del norte (sus descendientes) integrados nuevamente en el reino de Judá (Abd 1:20).
Y termina este verso con palabras de esperanza: "mas no destruiré del todo la casa de Jacob, dice Jehová".
Según el relato bíblico (2 R 17:5-6) una parte de la población fue deportada y repartida por el imperio Asirio, principalmente los nobles, las clases más pudientes. Solo de Samaria, la capital, más de 27.000 personas, según el testimonio que dejaron los asirios en la historia.
Un resto de familias quedó en la tierra (normalmente los más pobres, precisamente los que más sufrieron la explotación y la injusticia de las clases dominantes). De ello da testimonio (2 Cr 30). El rey Ezequías de Judá quiere volver a celebrar la Pascua en Jerusalén, es un tiempo de avivamiento o vuelta al Señor en el reino del sur, e invita a participar no solo a su pueblo sino también a los israelitas que habían quedado en el norte (2 Cr 30:6,10-11,25). Lo triste es que ni aun así la mayoría de los que quedaron se volvieron de corazón al Señor. Así de duro es el corazón humano.
Pero esta referencia histórica a un grupo de supervivientes de la invasión asiria no agota estas palabras de Amós. En la mente de Dios lo que hay es un remanente de hombres y mujeres convertidos de corazón al Señor y que han de ver cumplidas las promesas hechas a Abraham y su descendencia: "darles un día la tierra de Israel para siempre en condición de justicia y paz" (Comentario Bíblico Portavoz. Oseas, Amós. Pág. 198).
Y la manera en que Dios se propone reunir este remanente que heredará la tierra se nos describe en los versos 9 y 10. Es fácil darnos cuenta como estas palabras, desde el final del 8 hasta el verso 10, trascienden la experiencia del reino del norte para abarcar a todo el pueblo de Dios, el norte y el sur: "Porque he aquí yo mandaré y haré que la casa de Israel sea zarandeada entre todas las naciones, como se zarandea el grano en una criba, y no cae un granito en la tierra. A espada morirán todos los pecadores de mi pueblo, que dicen: No se acercará, ni nos alcanzará el mal" (Am. 9:9-10).
Para entender bien estos versos es necesario explicar la imagen que hay detrás del verbo "zarandear", o la palabra que aquí se traduce como "una criba". Las palabras "criba, cedazo, harnero" hacen referencia a un instrumento compuesto de un aro y de una tela, más o menos tupida, que cierra la parte inferior. Sirve para separar las partes sutiles de las gruesas. Lo mismo se utiliza con el grano que con la tierra (para quitarle las piedrecitas). Esta separación se hace mediante el zarandeo, el mover de prisa. Una parte cae y otra queda retenida en la criba.
Dicho esto es fácil darnos cuenta de que este castigo de Dios tendrá un doble propósito:
  • Separar la tierra buena de las piedras, el grano de la paja. Es decir, hacer distinción entre aquellos que aún siendo pecadores se arrepienten y se confían a la gracia de Dios y aquellos que persisten en su rebeldía. La dispersión entre las naciones no iba a ser una experiencia grata para los israelitas, pero tenía un propósito: serviría para "cribar el pueblo". Separar a los unos de los otros (y purificar a aquellos que se han vuelto al Señor). Esta ha sido y aún es, la historia del pueblo de Israel hasta el día de hoy. Zarandeado sistemáticamente en medio de las naciones, y en ocasiones de manera dramática. Y así va a seguir hasta que venga Jesús el Mesías y las promesas de Dios a Israel tengan total cumplimiento.
(Am 9:9) "La casa de Israel será zarandeada entre todas las naciones, como se zarandea el grano en una criba, y no cae un granito en la tierra."
  • Y dar la paga adecuada (justa retribución) a los pecadores no arrepentidos de su pueblo, los que a pesar del llamamiento de los profetas persistían en su religión y en sus razonamientos.
(Am 9:10) "A espada morirán todos los pecadores de mi pueblo, que dicen: No se acercará, ni nos alcanzará el mal."
"Y no cae un granito, una piedrecita, en la tierra". La obra es perfecta, Dios conoce la realidad de cada uno y nadie podrá burlarle. Finalmente cada uno estará en el lugar que le corresponde. No hay engaño ni trampa posible.
Esta escena de Dios cribando a su pueblo a fin de separar las piedras de la tierra útil es interesante.
A veces nos preguntamos ¿por qué surgen conflictos en el seno del pueblo de Dios? ¿Por qué problemas, incluso divisiones? La respuesta es clara a la luz de la Biblia: generalmente esto tiene su origen en nuestra naturaleza caída. Sucede cuando le damos un lugar de autoridad que ya no le corresponde (1 Co 3:3) (Stg 4:1).
Pero el apóstol Pablo añade otra luz a estas situaciones:
(1 Co 11:18-19) "Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados."
Es evidente que Pablo no aprobaba esta situación: "Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo", y la expresión "es preciso" indica lo que es consecuencia de la carnalidad. Sin embargo el apóstol puede discernir la mano del Señor separando piedras y tierra, el grano y la paja, tanto en las vidas de cada creyente como en el seno de la iglesia local.
No debiéramos desalentarnos ni tirar la toalla cuando estas cosas ocurren y ver también a Dios actuando en su pueblo. Nuestra preocupación en esos momentos debería estar en ser aprobados por el Señor y no por los hombres.
Una acción, varios propósitos. A veces ocurren situaciones en nuestro entorno donde "sin comerlo ni beberlo" nos vemos sufriendo las consecuencias. Situaciones donde decimos, probablemente con razón, "aquí pagan todos igual, justos y pecadores".
Posiblemente algunos de los habitantes del reino del norte se sintieron así. Unos eran las víctimas de los abusos de los poderosos, otros quizás escucharon a los profetas y se convirtieron, y sin embargo todos experimentaron el mismo suceso: derrota, destrucción y deportación a manos de los asirios.
¿Dónde está la justicia de Dios? ¿No discrimina entre unos y otros? La respuesta viene al entender que un mismo suceso puede cumplir diferentes propósitos en unos y en otros. Mientras que para unos puede tratarse de castigo, donde se está buscando el arrepentimiento y restauración, para otros tiene que ver más con ese moldearnos a la imagen de Cristo, limpiarnos de lo superfluo que hay en nuestra vida, con prepararnos para su obra. Así quería hacer Dios con su pueblo y así quiere hacer con nosotros.

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Perú
  Norbelinda Solis Camacho (Perú)  (22/06/2017)
Nehemías hombre político, funcionario, Copero del Rey. Hombre honesto, humilde, precupado por el remamente de Israel. Reconoce el pecado y la condición del hombre natural. Que muchas veces juzgamos con ligereza y nos olvidamos de vivir en una comunidad de justicia equilibrada. Clamando por el pueblo. Porque sólo la Oración y la Intersección por los demás sintiendo su dolor como nuestro, hagamos oración reconociendo la grandeza del Señor Jesucristo, levantando su Poder como estandarte de Victoria. Nehemías tranquilamente pudo vivir sin preocupasiones. Era funcionario de un rey. Con muchos privilegios. Sin embargo nunca perdió la necesidad de Restaurar el Remanente de Israel. Porque en Cristo Jesús somos una sola familia restaurada por su Sangre. Amén, muchas bendiciones.
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