Estudio bíblico: La madre y los hermanos de Jesús - Marcos 3:31-35

Serie:   El Evangelio de Marcos   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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La madre y los hermanos de Jesús - Marcos 3:31-35

(Mr 3:31-35) "Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle. Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. El les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre."

La madre y los hermanos de Jesús

En el pasaje anterior ya vimos que los suyos querían persuadir a Jesús para que dejase una obra que estaba produciendo mucha conmoción. En aquella ocasión, "los suyos", que probablemente no fueran sus familiares más directos como aquí, querían apartarlo del ministerio que estaba llevando a cabo, usando para ello la fuerza si fuera preciso: "Los suyos vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí" (Mr 3:21). En el pasaje que tenemos delante ahora, son su madre y sus hermanos quienes vienen a buscarle, y aunque su actitud parece menos agresiva, sin embargo la finalidad es la misma: "Tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan".
Por otras partes de la Escritura sabemos que los hermanos de Jesús no creyeron en él durante su ministerio terrenal.
(Jn 7:5) "Porque ni aún sus hermanos creían en él"
Sin embargo, después de la resurrección de Jesús su actitud cambió radicalmente.
(Hch 1:14) "Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos."
Debemos entender que por el hecho de ser sus familiares directos no por eso se iban a convertir en sus discípulos de forma automática. Ellos, al igual que todas las demás personas, tuvieron que pasar por un proceso que les llevó a creer en Jesús y aceptarle como su Salvador. Y si bien es cierto que tuvieron el enorme privilegio de convivir directamente con el Señor, tal vez ese mismo hecho se convertía en ocasiones en un obstáculo para ellos.
Lo que estaba fuera de toda duda, es que aquella familia no era una familia corriente; la presencia del Hijo de Dios encarnado en el hogar hacía que fuera única. Y aunque no sabemos cuánto sabían sus hermanos acerca de su nacimiento sobrenatural, pero lo que sí que es seguro es que observarían grandes diferencias entre Jesús y ellos mismos que tal vez se traducirían en celos y envidias en más de una ocasión. Esto explicaría la tensión que se percibe en la conversación que Jesús mantuvo con sus hermanos cuando iban a ir a la fiesta de los tabernáculos, y que llevó a Jesús a decidir no ir con ellos (Jn 7:1-9).
Pero finalmente todo debió encajar para ellos cuando el Señor resucitó. Pablo nos dice que después de su resurrección se apareció a Jacobo (1 Co 15:7), uno de los hermanos del Señor y miembro destacado de la primera iglesia en Jerusalén (Ga 1:19). Evidentemente esto cambió radicalmente su perspectiva de Jesús y cuando años más tarde escribió la epístola de Santiago, es hermoso leer cómo se refiere a su hermano:
(Stg 2:1) "Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo...".
Y tampoco para María tuvo que ser sencillo ser la madre del Hijo de Dios encarnado. Ella aceptaba con agrado que Dios quisiera utilizarla para el desarrollo de sus planes, pero al mismo tiempo vemos que en ocasiones no entendía lo que Jesús hacía y su corazón de madre, que no quería ver sufrir a su hijo, hacía que a veces tomara decisiones equivocadas.
  • Por ejemplo, sentimos admiración por ella cuando consideramos la actitud que mostró cuando el ángel del Señor le anunció que el Espíritu Santo vendría sobre ella y que concebiría un hijo que sería llamado Hijo de Dios (Lc 1:26-38).
  • También cuando los pastores a los que se les habían aparecido los ángeles contaron a José y María todo lo que les habían dicho, ella tuvo una actitud muy sabia: (Lc 2:19) "María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón".
  • Más tarde, cuando Jesús fue presentado en el templo y escucharon las palabras de Simeón, "José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él". Aunque fue especialmente María la que escuchó algo que le dijo el anciano Simeón en lo que tendría que pensar por mucho tiempo y que no le sería fácil aceptar: "Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones" (Lc 2:21-35).
  • Cuando Jesús cumplió los doce años, se quedó en el templo mientras sus padres sin darse cuenta regresaron a Nazaret. Unos días después, cuando después de preguntar por él volvieron a Jerusalén, se sorprendieron al verlo en medio de los doctores de la ley y su madre le dijo: "Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia". Pero Jesús dijo algo que su madre no llegó a entender, aunque lo guardó en su corazón: "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?" (Lc 2:41-52).
  • Y cuando llegó el momento en que ya era un hombre y comenzó su ministerio, María tuvo que adaptarse a la nueva posición que a partir de ese momento tendría que ocupar en relación a Jesús. Y esto, algunas veces le resultaba difícil. Por ejemplo, cuando Jesús y sus discípulos fueron invitados a una boda en Caná de Galilea, María parecía querer dirigir a Jesús, lo que él no permitió, y de hecho se dirigió a ella con cierta dureza: "¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido me hora" (Jn 2:1-4).
  • También en el pasaje que tenemos delante en Marcos, tal vez estaba ocurriendo algo parecido. Su amor de madre, preocupada por su hijo, no le permitía dejar que fuera por un camino que le iba a causar problemas.
  • Pero María era una mujer de fe, y aunque no siempre acertaba en su comportamiento (evidentemente no era fácil ser la madre del Señor), sin embargo meditaba las cosas y tenía un corazón sumiso. Finalmente la encontramos reunida junto a los otros discípulos después de la resurrección de Jesús.

Jesús como hijo

Pero dicho todo lo anterior, también tenemos que decir que Jesús, en tanto que niño, fue un hijo obediente, y eso que sus padres no eran perfectos como él. ¡Qué ejemplo para muchos jóvenes rebeldes!
(Lc 2:51) "Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos."
Y ni aun cuando ya fue adulto, tampoco rechazó sus deberes naturales como hijo humano. Cuando estaba muriendo en la cruz, sus últimas instrucciones fueron dirigidas a Juan para que cuidara de su madre (Jn 19:25-27).
En todo esto, Jesús fue un verdadero ejemplo de cómo debemos cumplir nuestras responsabilidades con nuestros padres.
(Ef 6:2) "Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa."
(1 Ti 5:8) "Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo."

Las prioridades del Señor

Pero a pesar de que fue un hijo humano ejemplar, nunca dejó que esto se interfiriera en el desarrollo del programa que su Padre Dios le había encomendado, dándole prioridad en todo momento. Ya hemos visto que lo dejó bien claro a la edad de doce años: "En los negocios de mi Padre me es necesario estar" (Lc 2:49).
Sólo cuando entendemos las prioridades del Señor, es que podemos comprender la actitud que Jesús manifestó en esta ocasión, porque de otra manera, habría sido una grave ofensa hacia una madre. No debemos olvidar que en la cultura del Medio Oriente, la presencia de la madre sería suficiente para que la persona dejara lo que estaba haciendo y fuera inmediatamente a atenderle. Sin embargo, la reacción del Señor fue otra. En forma casi despectiva, y con una aparente falta de respeto, pregunta: "¿Quién es mi madre y mis hermanos?" Claro, no lo hizo para molestar a su familia, sino para enseñar a sus oyentes las prioridades que el mensaje del reino de Dios conlleva.
En vez de levantarse inmediatamente para recibir a su madre y a sus hermanos, el Señor se quedó sentado, mirando a sus oyentes. Es evidente que para él, ellos eran los más importantes en ese momento, y, al parecer, no estaba dispuesto a dejarles para atender a su madre y hermanos, cuya intención él ya conocía; querían llevarle con ellos, a la fuerza, cortando así su ministerio de la Palabra.
Y cuando María y sus hermanos recibieran la contestación de Jesús, cuánto no les dolería, pero sin duda, mucho más le dolía a Jesús. ¡Cuánto hubiera deseado Jesús que María y sus hermanos estuvieran sentados con los demás escuchando la Palabra de Dios, y preocupándose por cumplir su voluntad!

La nueva familia espiritual

El Señor aprovechó este incidente para hacer una definición de la nueva familia espiritual.¿Quiénes forman esta nueva familia espiritual?
El Señor hizo esta declaración "mirando? alrededor" y viendo en sus discípulos a los hombres y mujeres, que pese a sus limitaciones, se sometían a la voluntad de Dios, en tanto que su familia se quedaba afuera. Así pues, el requisito para formar parte de su familia espiritual es hacer la voluntad de Dios.
En el pasaje paralelo de Lucas añade que los que hacen la voluntad de Dios "son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen" (Lc 8:21). Y cuando le preguntaron los judíos sobre cuál era la voluntad de Dios, Jesús les contestó: (Jn 6:29) "Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado".
Podemos resumir entonces que aquellos que forman su familia espiritual son los que creen en él, escuchan su Palabra y la obedecen.
El ser humano siempre ha tenido la tendencia a idealizar los lazos carnales que unían a Jesús con su familia terrenal, en especial con su madre, pero él siempre dio prioridad a los lazos espirituales.
(Lc 11:27-28) "Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste. Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan."
En base a todo lo anterior, ¿cuál debe ser nuestra relación con la familia natural y con la espiritual?
Ya hemos visto que el Señor colocaba por encima de todo parentesco familiar la relación espiritual y por delante de todo lazo natural, los intereses de su Padre. Pero aún fue más lejos, llegando a decir que no aceptaría por discípulo a quien amara a su familia terrenal más que a él.
(Lc 14:26) "Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo."
Es un hecho que el Reino de Dios establece nuevas prioridades en las relaciones de quienes quieren pertenecer a él. Los hermanos y las hermanas en el Señor están vinculados por la sangre de Cristo, la cual es un vínculo más fuerte que el que nos une en la carne.
Es evidente que con la familia carnal tenemos mucho en común: lazos sanguíneos, quizá la misma vivienda, mucho tiempo pasado juntos... pero lo que nos une con la familia de la fe es mucho más importante y permanente: la fe en un mismo Salvador, unas mismas creencias y experiencias, una esperanza común, propósitos, principios y un futuro eterno juntos.
Pero con mucha frecuencia, el hecho de que el creyente está más próximo a sus hermanos en la fe que a su familia incrédula, le crea muchas dificultades. En este pasaje vemos que el Señor mismo tuvo que pasar por la dolorosa experiencia de ser incomprendido y menospreciado por los suyos. ¡Y qué difícil tuvo que haber sido para él que su propia familia estuviera poniendo de alguna manera obstáculos a su ministerio!
Y él mismo anunció que este sería un principio general para todos los que le siguieran:
(Mt 10:36) "Los enemigos del hombre serán los de su casa."
Pero no debemos olvidar que cuando por causa del Reino de Dios perdemos ciertas relaciones familiares, el Señor las suple con otras nuevas y más abundantes.
(Mr 10:29-30) "Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna."
¡Cuántos creyentes despreciados por sus familiares cuando han decidido entregar su vida al Señor, se han hecho eco de las palabras del salmista!
(Sal 27:10) "Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá."
Pero habiendo dicho todo esto, también debemos hacer una advertencia para no caer en extremos que tampoco agradan al Señor. Tendremos que tener cuidado de no aislarnos de nuestros familiares, especialmente cuando ellos no conocen a Dios, ni tampoco usar este pasaje como pretexto para no pasar tiempo con la familia. Sólo cuando nuestros familiares procuran estorbar nuestra obediencia a Dios, es que debemos seguir el ejemplo de Cristo.

El culto a María

Estas palabras de Cristo ponen en tela de juicio el lugar desmedido que María ocupa en la devoción católica. La Biblia simplemente no sustenta la veneración que tantos dan a María. En este pasaje, el Señor no la honra ni le da un lugar especial.
María tuvo que aprender, que desde que Jesús comenzó su ministerio, a pesar de ser la mujer que llevó al Señor en su vientre, ella ya no ocupa un lugar especial en su vida, sino que tuvo que someterse a las exigencias que Cristo hace de todo ser humano. ¡Cristo no tiene favoritos o allegados a Él!
Y aunque no la deshonró como madre natural, pero sí que dijo que las relaciones espirituales toman precedencia sobre las naturales. Para el Señor era mucho más importante que María hiciera la voluntad de Dios que el hecho de que fuera su madre.
Por otro lado, el pasaje también refuta el dogma de que María fue virgen perpetuamente. Jesús tuvo hermanastros. El era el primogénito de María, pero después le nacieron otros hijos e hijas: (Mt 13:55) (Mr 6:3) (Jn 2:12) (Jn 7:3-10) (Hch 1:14) (1 Co 9:5) (Ga 1:19).

Preguntas

1. En relación a la persona de María, cite algunos textos bíblicos donde se aprecia su aceptación de la voluntad de Dios en su vida y otros donde se perciba cierta falta de comprensión de la obra que Jesús realizaba.
2. ¿Qué nos enseña Jesús como hijo?
3. ¿Le parece que la actitud de Jesús fue ofensiva con su madre al no querer salir a atenderla? ¿Por qué?
4. ¿Quiénes forman la nueva familia espiritual de Cristo?
5. ¿Qué cosas compartimos con la familia espiritual que no compartimos con la familia carnal?

Comentarios

Costa Rica
  david alarcon pachevo  (Costa Rica)  (13/03/2016)
Gracias por brindar ayuda, tengo células de crecimiento a cargo. El señor los bendiga, son un soporte en la viña del Señor.
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