Estudio bíblico de Joel 1:4-13

Joel 1:4-13

Continuamos hoy, estimado oyente, el recorrido que iniciamos en nuestro programa anterior por el libro de Joel en el Antiguo Testamento. Esta pequeña profecía solo consta de tres capítulos. No tiene una gran extensión, pero sí es potente y poderosa. Eso es cierto en cuanto a esta profecía. Nuevamente tenemos que recordar que Joel fue probablemente el primer profeta que escribió, y fue el profeta para el reino del Sur, es decir, para el reino de Judá. Su base se encontraba en Jerusalén y en su zona de influencia. Y fue él quien primero nos habló del "día del Señor". Desde la cima de la montaña de la profecía, ese hombre miró a través de los siglos y vio mucho más allá que cualquier otro profeta. Él vio el día del Señor.

En nuestro programa anterior, concretamente al principio de este capítulo 1, comenzamos a considerar el alcance de la plaga de langostas anunciada por el profeta. Aparentemente, Israel se encontraba en ese tiempo en medio de una gran plaga de langostas. Él les estaba diciendo a los israelitas que no había habido jamás una plaga de langostas como ésta, y que podían divulgar el hecho de esta plaga a sus hijos y éstos a sus descendientes, diciéndoles que no habría en el futuro una plaga semejante a ésta. Las plagas de langostas eran bastante comunes en esa tierra. Esta `plaga de langostas se destacó por encima de otras plagas que tuvieron lugar en el pasado. La plaga de langostas que cayó sobre Egipto en el tiempo de Moisés fue una plaga milagrosa ---en realidad fue un juicio de Dios. Sin embargo, esta plaga descrita en Joel, fue lo que llamaríamos un evento natural.

Hay varios detalles que necesitamos entender sobre la langosta, ya que muchos de nosotros no estamos familiarizados con ese insecto. A veces habremos escuchado el rumor de las langostas que se encuentran en los árboles. Sin embargo, ello no constituye una plaga, y probablemente, estas langostas mencionadas en Joel no eran de la misma clase de langostas que podían verse en Israel en los tiempos Bíblicos o incluso en la actualidad. Si usted ha visto alguna vez fotografías de campos devastados después de una plaga de langostas, sabe que las langostas han dejado los campos verdes como si un incendio hubiera arrasado esas extensiones destruyendo todo signo de vida.

La Palabra de Dios habló de langostas y quisiéramos dirigir su atención a Proverbios capítulo 30, versículo 27, que dice: Las langostas, que no tienen rey, pero salen todas en escuadrones. Las langostas marchan como si fueran un ejército, y al avanzar lo hacen divididas y organizadas en diferentes y perfectas formaciones. Este detalle nos ayudará a comprender que la descripción que el profeta Joel hizo de esta plaga de langostas. Le invitamos, entonces, a acompañarnos en nuestro próximo encuentro y le sugerimos que lea hasta la mitad de este primer capítulo para estar más familiarizado con este pasaje único de las Sagradas Escrituras.

Estos antecedentes nos ayudan a entender la descripción que el profeta Joel hizo de esta plaga local. Leamos entonces aquí en el libro de Joel, capítulo 1 y versículo 4, donde dice:

"Lo que dejó la oruga se lo comió la langosta; lo que dejó la langosta se lo comió el pulgón; y el saltón se comió lo que el pulgón había dejado."

Es cierto que aquí se utilizaron 4 palabras diferentes, Y hay quienes opinan que el profeta se refirió a 4 diferentes clases de insectos. Pero, en realidad, no existe ninguna base para ello. En los insectos aquí mencionados se expresa la acción de roer, y la palabra Hebrea para langostas es "arbeh", y sugiere una gran cantidad de ellas y que son migratorias ---se desplazan en grandes enjambres. También se describe en este versículo la acción de lamer y la de devorar o consumir. Así es que, tenemos aquí cuatro palabras que describen la langosta y lo que ésta hace. La langosta avanza como un ejército. En primer lugar, aparecen los aviones que lanzan sus bombas. El primer ataque de la langosta es por medio del aire. Y luego, después de las bombas que han sido arrojadas por la fuerza aérea, llega la artillería, y esta destruye cada sección del terreno elegido, dejando la zona devastada, pero aún hay mucho que queda en pie. Entonces llega la infantería, que constituye el tercer grupo; ellos destruyen lo que ha sido dejado. Y luego, vienen aquellos que realizan las operaciones de limpieza y estos toman lo poco que haya sido dejado. Por lo tanto, las cuatro palabras diferentes que tenemos aquí describen la acción de las diferentes bandas de langostas. Estas no tienen un general, un líder, ni una escala de mando, pero se desplazan como un ejército.

Las langostas fueron frecuentemente enviadas por Dios como un castigo, pero creemos que la plaga que se mencionó aquí en el libro de Joel fue una plaga que podríamos considerar natural. No creemos que haya sido necesariamente un juicio, un castigo, sino más bien, una advertencia para el pueblo. Era una advertencia para la nación. Joel fue el primer profeta escritor y profetizó al mismo tiempo que Elías. Así como Elías fue una advertencia para el reino del norte, Joel, de una forma dramática, estaba advirtiendo al reino del sur del juicio que se aproximaba. Y Joel se apartaría del castigo local, y este fue el método de todos los profetas, que consistía en salir de una situación local para proyectarse hacia el futuro, hacia el juicio que se llegaría en el "día del Señor".

El "día del Señor" ha sido uno de los términos más malinterpretados y, sin embargo, uno de los más importantes de la Biblia. Joel fue el primero en utilizarlo, y él dejó bien en claro lo que el "día del Señor" significaba. Después de él, todos lo que los demás profetas tuvieron que hacer fue hablar de "aquel día", y todos entendieron a qué se estaban refiriendo.

Ahora estamos avanzando un poco más allá de este capítulo, pero queremos decir que Joel se desplazaría de esta plaga de langostas literal y local para hablar del "día del Señor", que comenzará con el período de la gran tribulación. ¿Y cómo se iniciará el período de la gran tribulación? Se inaugura con los cuatro jinetes del Apocalipsis; habrá una paz falsa, después estallará la guerra, seguida de una hambruna y después, finalmente, el jinete montado en el caballo amarillo de la muerte. Aquí podemos apreciar un paralelo tremendo entre estas cuatro bandas de langostas que tenemos aquí en el primer capítulo de Joel y los cuatro jinetes del Apocalipsis. Durante el período de la Gran Tribulación, no serán literalmente langostas; sino que lo que ocurrirá en esta tierra será algo mucho peor, y no solo a través de aquella tierra sino por todo el mundo. El mundo será devastado completamente cuando el Señor Jesucristo regrese a la tierra para establecer Su reino. Escuchemos ahora lo que dice el versículo 5 del capítulo 1 de Joel:

"Despertad, borrachos, y llorad; gemid, todos los que bebéis vino, porque el vino se os ha quitado de vuestra boca."

Aquí vemos que las langostas llegaron a las uvas antes que ellos. Ellas arrancaron y comieron todos los viñedos, y no quedaría entonces vino para los que se embriagaban. Aquellos que en aquel tiempo eran alcohólicos tuvieron que someterse a una cura obligada antes de quererlo, porque e terminaron las existencias de vino en la región.

Estas advertencias nos revelan que, incluso principio de la caída de la nación, el gran pecado era la embriaguez. En la actualidad, frecuentemente se nos recuerda en todos los medios de difusión que la mayoría de los accidentes de tráfico que ocurren en las carreteras son causados por aquellos que quieren ejercitar su derecho a beber bebidas alcohólicas libremente. En consecuencia, familias enteras han quedado destruidas en las vías públicas porque alguien bajo los efectos del alcohol ha embestido a sus vehículos de frente. No estamos tratando este tema del alcoholismo de manera deliberada sino que nos limitamos a considerarlo porque estamos siguiendo el tema que la Palabra de Dios destaca en este pasaje. Los excesos de la bebida se cometen a todos los niveles sociales, desde los más inferiores hasta los más altos. Y ya hemos enfatizado las graves consecuencias en la muerte de tantos inocentes, y también debemos resaltar las graves secuelas sufridas por los sobrevivientes a los accidentes, así como su enorme costo social.

Ahora, aquí leemos: despertad, borrachos, y llorad; gemid, todos los que bebéis vino. Desde el mismo principio, la embriaguez estaba comenzando a destruir el fundamento de la nación. Y por cierto, destacamos que éste fue el único pecado que denunció Joel. Él no mencionó en absoluto a la idolatría, ese gran pecado de apartarse de Dios y volverse a los ídolos, que hizo caer a esta nación. En este preciso momento de su historia, este pueblo aún profesaba adorar a Dios. Y leamos ahora el versículo 6 de este capítulo 1 de Joel, en el cual se mencionó un hecho dramático:

"Porque un pueblo fuerte e innumerable subió a mi tierra; sus dientes son dientes de león, y sus muelas, muelas de león."

En este versículo las langostas fueron comparadas a un ejército invasor y a su gran poder destructivo. Estos pequeños insectos, las langostas, pueden destruir un árbol grande. Pueden desplazarse a través de un gran campo sembrado de trigo y devorar todo lo que encuentren a su paso, dejando ese terreno completamente vacío. Y así actuaban aquellas cuatro bandas que no tenían un líder. Llegaban, la mayoría de las veces como un castigo de Dios, aunque esta plaga que estamos observando fue más bien una advertencia de Dios. Más tarde, como ya indicamos anteriormente, Joel se proyectaría a acontecimientos que son aun futuros; nos referimos al "día del Señor", que en muchos aspecto tendrá los mismos efectos sobre la tierra que una plaga de langostas. Es que los cuatro jinetes del Apocalipsis aun están por llegar. Continuemos leyendo el versículo 7 de este primer capítulo de Joel:

"Asoló mi vid y descortezó mi higuera; del todo la desnudó y derribó; sus ramas quedaron blancas."

Las langostas pueden destruir verdaderamente a una higuera. Ellas arrancaron la corteza de su tronco y ramas dejando solo la madera blanca y desnuda.

Joel estaba enviando un mensaje al pueblo, e iba a decirles que tenían que hacer en un tiempo como éste. Les indicaría diez cosas que habrían de hacer. Leamos entonces el versículo 8:

"Llora tú, como joven vestida de ropas ásperas por el marido de su juventud."

Aquí el profeta les dijo algo fuera de lo común: (1) tenían que llorar, lamentarse, como una joven vestida de luto que había perdido a su prometido, quizás muerto en una batalla, de esta manera debía llorar la nación. Y continuó diciendo el versículo 9:

"Desapareció de la casa del Señor la ofrenda y la libación; los sacerdotes ministros del Señor están de duelo."

Las ofrendas de cereales y la libación habían cesado en la casa del Señor. O sea que los israelitas ya no podían presentar ofrendas. (2) Los sacerdotes debían hacer duelo. Y lo mismo se repite por todo este pasaje Bíblico. Los ebrios se lamentaban y los sacerdotes también. Es que toda la economía del pueblo sería afectada por esta plaga.

Este versículo y otros nos llevan a creer que el profeta Joel se encontraba en Jerusalén. Aquí habló de los sacerdotes que servían en el templo del Señor. Continuemos leyendo el versículo 10 de este primer capítulo:

"El campo está asolado y se enlutó la tierra, porque el trigo fue destruido, el mosto está pasado y se perdió el aceite."

No había aceite de oliva, ni uvas, ni grano o trigo. Es decir que las tres cosechas de alimentos de primera necesidad que ellos tenían, habían quedado destruidas. Incluso la tierra tenía que lamentarse. Aquí vemos que la tierra y el pueblo estaban relacionados entre sí. Porque la ley de Moisés no sólo fue dada a la gente, sino que fue dada también para la tierra.

Hasta ahora hemos visto que Joel había hablado a los ebrios, a los sacerdotes y después hablaría a los agricultores. Leamos los versículos 11 y 12:

"Confundíos, labradores; gemid, viñadores, por el trigo y la cebada, porque se perdió la cosecha del campo. La vid está seca y pereció la higuera; también el granado, la palmera y el manzano: Todos los árboles del campo se secaron. Y así se extinguió el gozo de los hijos de los hombres."

(3) Los labradores debían avergonzarse. (4) Los viñadores tenían que gemir. Estos eran los propietarios de las viñas. El manzano aquí mencionado era probablemente el árbol de naranja, que era oriundo de esa tierra. Y finalizando nuestra lectura de hoy, leamos el versículo 13 de este primer capítulo de Joel:

"Vestíos de luto y lamentad, sacerdotes; gemid, ministros del altar; venid, dormid con ropas ásperas, ministros de mi Dios; porque quitada es de la casa de vuestro Dios la ofrenda y la libación."

(5) La quinta cosa que tenían que hacer era vestirse de duelo. (6) Los sacerdotes tenían que lamentarse. Los sacerdotes no podían desempeñar sus funciones porque no tenían porque no había nada que pudieran usar para sus ofrendas. Así que tenían que pasar la noche vestidos de luto, es decir, con ropas ásperas y cubiertos de ceniza, porque no podían presentar las ofrendas de cereales ni las libaciones, que consistían en derramar vino o aceite como ofrenda a Dios. La economía de la tierra había quedado destruida y ni siquiera tenían lo suficiente como para presentar una ofrenda a Dios. Sin embargo, Dios dejó en claro que el factor más importante no era la ceremonia ritual, sino los corazones de los miembros del pueblo.

En estos versículos hemos visto que Dios le estaba pidiendo al pueblo que hiciera algo que no le había pedido antes. Cuando Dios entregó la ley de Moisés, estableció siete días de fiesta para el pueblo, y aclaró que no deseaba que ellos acudieran a Su presencia con semblantes serios o tristes. El quería que fueran a Su casa reflejando la alegría de sus corazones.

¿Ha observado usted que a veces, el encuentro de los cristianos como pueblo de Dios no constituye una celebración alegre? ¿No ha observado usted que muchos rostros solo reflejan indiferencia o tristeza? Lejos de expresar alegría, apenas sonríen o no expresan ningún sentimiento. Y otros parecen como ausentes.

Aquí vemos que por primera vez Dios les estaba pidiendo que se lamentara, que hicieran duelo, que se vistieran de luto. En el pasado les había pedido que vinieran a Su presencia con alegría. La razón de este cambio fue el pecado de la nación. Y es la misma razón por la que hoy puede percibirse una falta de una auténtica alegría. En la actualidad la gente trabaja arduamente La música tiene que ser rápida y el sonido lo más alto posible. Los chistes tienen que ser dudosos para que las personas puedan apenas esbozar una sonrisa. Deberíamos reflexionar sobre este asunto y preguntarnos donde está hoy nuestra alegría. En gran medida esa alegría se ha apagado por causa del pecado. No olvidemos que Dios quiere que experimentemos alegría. En el pasaje que hoy hemos examinado podemos imaginar a Dios diciéndoles: "Venid ante mi presencia con vuestros lamentos. Ello no me agrada, pero estáis siendo afectados por el pecado y quiero ver vuestro arrepentimiento".

Bien, estimado oyente, vamos a detenernos aquí por hoy. Dios mediante, continuaremos con este mismo asunto en nuestro próximo programa, y le invitamos a que continúe acompañándonos en este recorrido por esta profecía de Joel, que es un libro tan peculiar del Antiguo Testamento, y le sugerimos que lea anticipadamente el resto de este primer capítulo para familiarizarse con su contenido.

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