Estudio bíblico de 1 Reyes

Predicación escrita y en audio de 1 Reyes 10:26-12:30

1 Reyes 10:26-12:30

Continuamos hoy estudiando el capítulo 10 del Primer Libro de Reyes. Y en nuestro programa anterior, estuvimos hablando del esplendor de Salomón. Y vimos que excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riquezas y sabiduría. Y dijimos que fue durante este período, que el reino alcanzó su apogeo. David lo había conducido a este lugar de paz, pero Salomón fue quien pudo disfrutar de la paz y la prosperidad. Éste fue el tiempo cuando el reino cumplió con el propósito de Dios, de ser su testigo. Vimos también que la reina de Sabá vino desde los confines de la tierra, para ver las cosas de las cuales había oído. Y muchos más también vinieron desde otras naciones a Jerusalén, para ver el testimonio de Salomón para Dios. Y vimos también cómo estas visitas trajeron presentes a Salomón y con ellas, por supuesto, le ayudaron a fortalecer su reino, el cual fue famoso por sus riquezas. Claro, que más tarde, estas riquezas harían que Israel fuera objeto del saqueo por parte de otras naciones, cuando el reino fuera dividido y debilitado. Continuemos hoy, leyendo el versículo 26 de este capítulo 10 del Primer Libro de Reyes:

"Salomón reunió carros y gente de a caballo; tenía mil cuatrocientos carros y doce mil jinetes, los cuales llevó a las ciudades de los carros y junto al rey en Jerusalén."

Salomón, al acumular la cantidad de caballos y jinetes, aumentó su riqueza en un área un la que Dios le había prohibido expresamente crecer, de acuerdo con las instrucciones respecto al rey en el capítulo 17, versículo 16 del libro de Deuteronomio donde dice: "Pero él no deberá tener muchos caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de adquirir caballos pues el Señor os ha dicho: No volváis nunca por este camino". Volviendo ahora al capítulo 10 del Primer Libro de Reyes, leamos los versículos restantes, los versículos 27 al 29:

"Hizo el rey que en Jerusalén hubiera tanta plata como piedras, y que abundaran los cedros como las higueras de la Sefela. Y traían de Egipto caballos y lienzos a Salomón, porque los mercaderes del rey los compraban allí. Un carro que se traía de Egipto valía seiscientas monedas de plata, y un caballo ciento cincuenta. Así los adquirían, también por medio de ellos, todos los reyes de los heteos y de Siria."

Salomón realmente acumuló una inmensa riqueza en el reino. En esa época, en efecto, monopolizó el mercado de oro, la plata y las piedras preciosas. Y llegamos ahora, en el Primer libro de Reyes,

1 Reyes 11

El tema de este capítulo es la vergüenza y la muerte de Salomón. En este capítulo 11, se nos cuenta sobre las mujeres y las concubinas de Salomón. En su vejez, ellas inclinaron su corazón tras otros dioses. Dios amenazó a Salomón. Los adversarios de Salomón eran Hadad, Rezón y Jeroboam. Tenemos también las obras, el reino y la muerte de Salomón. Y finalmente, Roboam le sucedió. Salomón fue el fracaso más colosal registrado en todas las páginas de la Escritura. El Señor Jesucristo dijo (en Lucas 12:48): "Porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará". Salomón tuvo la oportunidad más grande que cualquier hombre jamás haya tenido. Comenzó por no eliminar la falsa religión (1 Reyes 3). Lo que primero fue como una mancha, más tarde se había convertido en algo así como la plaga de lepra. Tenía un harén de mil mujeres paganas, que apartaron su corazón del Señor. Por este motivo el Señor hizo surgir enemigos a Salomón y permitió que Jeroboam creciera en importancia y finalmente, dividiera el reino. El Señor se enojó contra Salomón, como veremos en el versículo 9. El reino iba a ser dividido como resultado del juicio de Dios. Sin embargo, veremos que esto no ocurriría en los tiempos de Salomón por amor a David su padre. Salomón le daría un alto puesto a Jeroboam, pero este conspiraría y encabezaría una rebelión de las 10 tribus del norte, conforme a la palabra de Ahías el profeta. Cuando Salomón descubriera esto, trataría de matar a Jeroboam, quien huiría a Egipto hasta la muerte de Salomón. Y el capítulo 11, concluiría con la muerte de Salomón, quien reinó durante 40 años. Comencemos, pues, leyendo el primer versículo de este capítulo 11 del Primer Libro de Reyes, que encabeza el párrafo que describe como

Salomón se alejó de Dios

"Pero el rey Salomón amó, además de la hija del faraón, a muchas mujeres extranjeras, de Moab, de Amón, de Edom, de Sidón, y heteas"

En cuanto a las mujeres, Salomón siguió el ejemplo de su padre David. Fue una lástima que no imitara a David en las demás áreas de su vida. Recordemos que Salomón había sido criado en el palacio del rey. No estaba acostumbrado a la vida dura que David había conocido. Salomón empezó a reunir mujeres de todas las nacionalidades, así como alguien que tuviera la manía de coleccionar automóviles antiguos o cualquier otra cosa.

Ahora, estas mujeres influyeron en el corazón de Salomón, impulsándole a caer en la idolatría hasta el punto de permitirla en la tierra de Israel. Y aquí quebrantó claramente la ley que Dios había dictado sobre ese asunto. Continuemos leyendo en versículo 2 de este capítulo 11 de 1 Reyes:

"gentes de las cuales el Señor había dicho a los hijos de Israel: No os uniréis a ellas, ni ellas se unirán a vosotros, porque ciertamente harán que vuestros corazones se inclinen tras sus dioses. A estas, pues, se juntó Salomón por amor."

Y creemos que éste es un lugar en la Escritura donde la palabra "amor" puede ser cambiada por la palabra "sexo". Ése fue el motivo de Salomón. Habiendo tenido la formación que hemos descrito en el palacio, nunca había enfrentado situaciones difíciles. Cuando se convirtió en un adulto, dedicó su tiempo a rodearse de mujeres, porque estaba acostumbrado a su compañía. Y Dios iba a tratar con él en relación a esa conducta. El Señor no aprobó el proceder de Salomón. Leamos los versículos 9 al 13, para ver que dice la Escritura:

"Y se enojó el Señor contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado del Señor, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces y le había mandado sobre este asunto que no siguiera a dioses ajenos. Pero él no guardó lo que le mandó el Señor. Entonces el Señor dijo a Salomón: Por cuanto has obrado así, y no has guardado mi pacto y los estatutos que yo te mandé, te quitaré el reino y lo entregaré a tu siervo. Sin embargo, no lo haré en tus días, por amor a David, tu padre; lo quitaré de manos de tu hijo. Pero no te quitaré todo el reino, sino que le daré una tribu a tu hijo, por amor a David, mi siervo, y por amor a Jerusalén, la cual yo he elegido."

El Señor se enojó contra Salomón. Ahora, habrá quienes digan: "Bueno, Dios permitió que Salomón tuviera sus mil mujeres". El relato Bíblico nos da el número exacto, con fidelidad a la verdad histórica. Pero también nos presenta la actitud de Dios hacia Salomón, al decir claramente: "el Señor se enojó contra Salomón".

El Señor dijo que no le quitaría todo el reino a Salomón. Una de las tribus sería dada al hijo de Salomón. Y diríamos que esa tribu fue la tribu de Benjamín. Salomón era miembro de la tribu de Judá; y por lo tanto, era natural que esa tribu también se declarara a favor de él. De modo que Benjamín y Judá serían las tribus que, en la división del reino, se quedarían con la familia de David. Las otras diez tribus del norte seguirían a Jeroboam. El párrafo siguiente nos lleva a considerar cómo

Salomón fue castigado

Llegamos ahora al tiempo final del reino de Salomón. Dios comenzó a promover dificultades para este rey. Recordemos que el profeta Isaías dijo en el capítulo 57 de su profecía, versículo 21 que: "No hay paz para los impíos, ha dicho mi Dios". Salomón había disfrutado de la paz. Pero ahora, por primera vez en su reino, habría guerra. Continuemos leyendo el versículo 14 de este capítulo 11, del Primer Libro de Reyes:

"El Señor suscitó un adversario a Salomón: Hadad, el edomita, de sangre real, que estaba en Edom."

Pasemos al versículo 26 y leamos hasta el versículo 28 de este capítulo 11 del Primer Libro de Reyes:

"También Jeroboam hijo de Nabat, efrateo de Sereda, siervo de Salomón, cuya madre se llamaba Zerúa, la cual era viuda, alzó su mano contra el rey. La causa por la cual éste alzó su mano contra el rey fue esta: Salomón, al edificar Milo, cerró la brecha de la ciudad de David, su padre. Este Jeroboam era un hombre valiente y esforzado, y al ver Salomón que el joven era un hombre activo, le encomendó todo el servicio a cargo de la casa de José."

Aunque Jeroboam era hijo de un siervo, Salomón reconoció que era un joven de capacidad y talento notables. Por ello, Salomón le dio un puesto alto y le encargó la supervisión de sus obras públicas. Y proseguimos con los versículos 29 al 32:

"Aconteció, pues, en aquel tiempo, que al salir Jeroboam de Jerusalén, lo encontró en el camino el profeta Ahías, el silonita; éste iba cubierto con una capa nueva, y los dos estaban solos en el campo. Ahías tomó la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos, y dijo a Jeroboam: Toma para ti diez pedazos, porque así dice Jehová, Dios de Israel: Voy a arrancar el reino de manos de Salomón y te daré a ti diez tribus. Él se quedará con una tribu por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo he elegido entre todas las tribus de Israel"

Ahías el profeta tomó el manto nuevo de Jeroboam y lo rasgó en doce partes, dándole las diez partes a Jeroboam y diciéndole: "Dios te dará diez tribus. El reino será dividido". Ahora, ¿por qué dividiría Dios a Israel en dos reinos? Bueno, leamos el versículo 33:

"por cuanto me ha dejado y ha adorado a Astoret, diosa de los sidonios, a Quemos, dios de Moab, y a Moloc, dios de los hijos de Amón, y no ha andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, ni mis estatutos ni mis decretos, como hizo David, su padre."

El profeta continuó transmitiéndole su mensaje. Dios no quitaría el reino del control de Salomón por amor a David, pero Dios quitaría reino de la mano del hijo de Salomón. Y daría diez tribus a Jeroboam. Después de las palabras del profeta, Jeroboam tuvo que huir para salvar su vida. Pasemos al versículo 40 de este capítulo 11 del Primer Libro de Reyes:

"Por esto Salomón procuró matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a Sisac, rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón."

Leamos ahora, los versículos 41 al 43, que nos hablan sobre

La muerte de Salomón

"El resto de los hechos de Salomón, todo lo que hizo y su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los hechos de Salomón? Los días que Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fueron cuarenta años. Durmió Salomón con sus padres y fue sepultado en la ciudad de su padre David. En su lugar reinó su hijo Roboam."

En los libros de Crónicas veremos más de las obras de Salomón y su sabiduría. Fue un soberano singular, por el hecho de haber acumulado tanto de los bienes de este mundo. Todo en el reino denotaba riqueza, abundancia y prosperidad. En el Nuevo Testamento nuestro Señor Jesucristo se refirió a la gloria que caracterizó a Salomón. Y es verdad que hubo una reluciente gloria terrenal en su reino.

Y así concluye, pues, el capítulo 11 de este Primer Libro de Reyes. Llegamos ahora a

1 Reyes 12:1-33

Los capítulos 12 al 14 desarrollan el tema de la división del reino bajo los reyes Jeroboam y Roboam. En este capítulo 12, vemos que Roboam, hijo de Salomón, le sucedió en el trono. Jeroboam regresó de Egipto y encabezó a las diez tribus en pedir una reducción de impuestos. Roboam, bajo la influencia de los jóvenes de su reino, habiendo rehusado el consejo de los ancianos, que eran los consejeros de Salomón, rechazó el pedido de las diez tribus del norte. Porque en vez de rebajar sus impuestos, les amenazó con subírselos. En consecuencia, Jeroboam condujo a las diez tribus en una rebelión.

Jeroboam dividió a la nación desde un punto de visto religioso y político, estableciendo un becerro de oro en Betel y otro en la tribu de Dan. Así que las diez tribus del norte cayeron en la idolatría. Recordando entonces que Salomón murió y Roboam accedió al trono, leamos los primeros cinco versículos de este capítulo 12 del Primer Libro de Reyes, para considerar

El acceso de Roboam al trono y su insensatez

"Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había ido allí para hacerlo rey. Aconteció que lo supo Jeroboam hijo de Nabat, que aún estaba en Egipto, adonde había huido del rey Salomón, y donde vivía. Enviaron a llamarlo, y él se presentó con toda la congregación de Israel, y le dijeron a Roboam: Tu padre agravó nuestro yugo. Alivia tú ahora algo de la dura servidumbre de tu padre y del pesado yugo que nos impuso, y te serviremos. Él les respondió: Idos, y de aquí a tres días volved a mí. Y el pueblo se fue."

Salomón había llevado a cabo a gran costo, un gran programa de edificación. Para mantener ese proyecto, había tenido que aumentar los impuestos. Después de su muerte el pueblo pidió una disminución de los tributos.

A Roboam le pidieron, pues, una disminución de los tributos. Este joven soberano tuvo una oportunidad de actuar y hacerse popular decretando una rebaja de los impuestos. Si hubiera hecho eso, el pueblo le habría seguido. Roboam, pues, convocó una reunión de sus sabios (lo único es que éstos fueron insensatos). Leamos los versículos 6 y 7 de este capítulo 12:

"Entonces el rey Roboam pidió consejo de los ancianos que habían servido a su padre Salomón cuando vivía, y dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo? Ellos le hablaron así: Si te pones hoy al servicio de este pueblo, lo sirves y le respondes con buenas palabras, ellos te servirán para siempre."

Roboam primero recurrió a los ancianos que habían servido a Salomón su padre. Y su consejo fue bueno, pero Roboam no lo siguió. Continuemos leyendo los versículos 8 al 11:

"Pero él desechó el consejo que los ancianos le habían dado, y pidió consejo de los jóvenes que se habían criado con él y estaban a su servicio. Y les preguntó: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo que me ha hablado diciendo: Alivia en algo el yugo que tu padre nos impuso? Entonces los jóvenes que se habían criado con él le respondieron: Así hablarás a este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo, pero tú alívialo en algo; así les hablarás: El menor de mis dedos es más grueso que la cintura de mi padre. Ahora, pues, mi padre os cargó con un pesado yugo, pero yo lo haré más pesado aún; mi padre os castigó con azotes, pero yo os castigaré con escorpiones."

Aquí vemos que entonces, pidió a los jóvenes que se habían criado con él, que le aconsejaran. Ellos también le dieron consejo, pero su consejo no fue bueno. Y veamos lo que ocurrió en los versículos 12 hasta el 15:

"Al tercer día se presentó Jeroboam con todo el pueblo ante Roboam, según el rey lo había mandado, cuando dijo: Regresad a verme al tercer día. Pero el rey respondió al pueblo duramente, desechando el consejo que los ancianos le habían dado, y hablándoles conforme al consejo de los jóvenes, les dijo: Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo lo haré más pesado aún; mi padre os castigó con azotes, pero yo os castigaré con escorpiones. Así que no oyó el rey al pueblo, pues era un designio del Señor para confirmar la palabra que había dado a Jeroboam hijo de Nabat por medio de Ahías, el silonita."

Vemos que Roboam siguió los consejos de los jóvenes antes que el de los ancianos sabios y amenazó con subir los impuestos y mostrar una mayor severidad en la recaudación de los mismos. Leamos ahora el versículo 16, que comienza el párrafo del relato en el que

Jeroboam se convirtió en el rey de Israel y el reino se dividió

"Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió con estas palabras: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos herencia en el hijo de Isaí. ¡Israel, cada uno a sus tiendas! David, mira ahora por tu casa! Entonces Israel se fue a sus tiendas."

Entonces estalló la rebelión. Ésta fue la división del reino que desencadenaría, por supuesto, una guerra civil. Leamos los versículos 18 y 19 de este capítulo 12 del Primer Libro de Reyes:

"Cuando el rey Roboam envió a Adoram, que estaba encargado de los tributos, todo Israel lo apedreó y lo mató. Entonces el rey Roboam se apresuró a subirse en un carro y huir a Jerusalén. Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy."

Todo Israel apedreó a Adoram. Así fue como acabaron con el jefe de los recaudadores de impuestos. Ahora, cuando Roboam oyó lo que había sucedido, huyó a Jerusalén. Israel se rebeló contra la casa real de David hasta el tiempo en que el libro 1 de Reyes fue escrito. Fue una rebelión que continuaría hasta que ellos regresaron del cautiverio babilónico. La decisión imprudente de Roboam de no atender al pueblo, le proveyó la ocasión a Jeroboam de controlar las diez tribus del norte y constituir el reino del norte. Leamos los versículos 25 al 30, que describen

La idolatría de Joroboam

"Entonces reedificó Jeroboam a Siquem en los montes de Efraín, y habitó en ella. Luego salió de allí y reedificó a Penuel. Pero Jeroboam pensó en su corazón: Ahora, la casa de David recuperará el reino si este pueblo sube a ofrecer sacrificios en la casa del Señor en Jerusalén, porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam, rey de Judá, me matarán a mí y se volverán a Roboam, rey de Judá. Después de tomar consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Ya habéis subido bastante a Jerusalén. Aquí están tus dioses, Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. Entonces puso uno en Bet-el y el otro en Dan. Esto fue causa de pecado, porque el pueblo iba a adorar delante de uno de ellos hasta Dan."

Jeroboam instaló un becerro de oro en Bet?el y el otro en Dan. Los colocó en esos lugares para que el pueblo no tuviera que ir a Jerusalén para adorar en el Templo. Y este acontecimiento marcó la división del reino; es decir, la formación del reino del norte y del reino del sur. Y así fue como la naturaleza humana y sus pasiones rompieron la unidad de la nación que había alcanzado los mayores momentos de devoción religiosa por Dios, y los mayores niveles de prosperidad en el mundo de aquella época. El orgullo, la envidia, y la agresividad fueron fuerzas destructivas, tal como lo son hoy a nuestro alrededor. Destruyen al individuo, a la familia y a la sociedad. Por ello Dios envió a Su hijo a la cruz y en su resurrección hizo posible que todos aquellos que crean en Él como Salvador y Señor, puedan rendirse a la acción transformadora del Espíritu Santo, única fuerza capaz de controlar la fuerza desintegradora del pecado.

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