Estudio bíblico: La revelación de Jesucristo - Apocalipsis 1:1-3

Serie:   Apocalipsis   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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La revelación de Jesucristo - Apocalipsis 1:1-3

(Ap 1:1-3) "La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca."

Introducción

En estos primeros versículos encontramos el título, los autores del libro, los destinatarios, un resumen de su contenido, su propósito y la bendición que viene como consecuencia de su meditación y aplicación.

Titulo

(Ap 1:1) "La revelación de Jesucristo"
Probablemente esta primera frase cumple la función de título de la obra, pero no por ello debemos pasarla por alto, puesto que nos proporciona información muy importante sobre lo que más adelante vamos a encontrar en este libro.
La primera palabra, "apokalypsis", traducida como "la revelación", significa quitar el velo de algo que permanece oculto para que se pueda ver. Como ya sabemos, el hombre es incapaz de penetrar en el secreto de las realidades espirituales y eternas que se esconden más allá de sus sentidos, y esto seguiría siendo así si Dios no hubiera tomado la iniciativa de dárnoslas a conocer. Y el libro de Apocalipsis es una parte de esa revelación escrita que nos permite conocer aquellas cosas sobre el futuro de la historia de la humanidad que de otro modo desconoceríamos por completo. Por lo tanto, nos encontramos ante un libro que no es fruto de la sabiduría humana, sino de la inspiración divina.
En cuanto a la expresión "de Jesucristo", puede ser interpretado de dos formas diferentes.
  • Puede referirse al hecho de que esta revelación proviene de Jesucristo. Con esto coincidiría la afirmación que encontramos al final del libro:
(Ap 22:16) "Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias"
  • Pero también puede entenderse que Jesucristo es el contenido de esta revelación. Esto vendría confirmado por el hecho de que la primera visión que se nos concede en Apocalipsis tiene que ver con el Señor Jesucristo tal como está ahora en su gloria (Ap 1:13-20).
En este punto debemos hacer una observación muy importante. Muchos vienen a Apocalipsis por la curiosidad que les invade por saber qué es lo que ocurrirá en el futuro. Y es cierto que al estudiar este libro encontraremos muchas profecías sobre los eventos del porvenir, pero esto no nos debe hacer perder de vista que su propósito fundamental es darnos a conocer a Jesucristo en la manifestación de su gloria. Jesucristo es el centro de toda la Escritura, y si quitamos nuestra mirada de él, estaremos perdiendo la perspectiva correcta para entender adecuadamente este libro. Al fin y al cabo, lo que la iglesia necesita hoy más que nunca, es una visión renovada de la gloria de Jesucristo. Por lo tanto, debemos limitar nuestra curiosidad y avivar nuestro amor por el Señor. ¡Tan grande y glorioso como es Cristo! ¡Qué Dios nos ayude a olvidarnos de nosotros mismos para ser enriquecidos por él!

Autoría

(Ap 1:1) "Que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan"
1. El autor del libro de Apocalipsis es Dios
Acabamos de considerar que esta revelación proviene de Jesucristo, pero ahora se añade que él la recibió de Dios: "que Dios le dio". Por lo tanto, Dios el Padre es, en última instancia, el responsable de la revelación que Jesucristo ha de entregar a su ángel para que éste, a su vez, la entregue a su siervo Juan.
El hecho de que el Padre había dado esta revelación al Hijo para que la comunicara a los hombres es algo que el mismo Señor Jesucristo había enfatizado en repetidas ocasiones durante su ministerio terrenal:
(Jn 7:16) "Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió."
(Jn 8:28) "Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo."
Esto no quiere decir que el Hijo sea inferior al Padre. Como él mismo dijo, "todo lo que tiene el Padre es mío" (Jn 16:15). Sin embargo, durante su misión en la tierra, él tomó la posición de siervo, obediente en todo al Padre que le había enviado (Fil 2:5-8). De este modo consiguió nuestra salvación muriendo por nosotros en la Cruz, y con su vida nos dejó un ejemplo perfecto de lo que significa ser un hombre conforme al corazón de Dios.
2. El mediador de esta revelación fue "su ángel"
Dios no dio esta revelación directamente a Juan, sino que la envió y "la declaró enviándola por medio de su ángel". Este es un hecho que se repite en otras ocasiones en Apocalipsis (Ap 22:6,16), y tampoco es el único libro en el que los ángeles participan en transmitir la verdad revelada de Dios. Recordamos que también Moisés recibió la ley por medio de ángeles (Hch 7:53) (He 2:2).
El papel de los ángeles en el libro de Apocalipsis es muy prominente, ya que no sólo entregan la revelación, sino que también ayudan a Juan a entenderla (Ap 17:1,7,15), y en otras ocasiones ellos mismos ejecutan los juicios de Dios sobre este mundo (Ap 7:2) (Ap 8:5).
3. El escritor de esta revelación fue "su siervo Juan"
El primer hombre que recibió esta revelación fue Juan, que como veremos más adelante, se encontraba en la isla de Patmos (Ap 1:9). Él fue el encargado de ponerla por escrito, de tal manera que debe ser considerado como el autor humano del libro de Apocalipsis. Este hecho es confirmado también por varios escritores cristianos de los primeros siglos.
No obstante, es curioso que en Apocalipsis Juan se refiere a sí mismo por su nombre, algo que no hace en el Evangelio ni en las tres epístolas que también escribió. En cualquier caso, se refiere a sí mismo como "Juan", y se describe como "siervo". No hace mención de que era un apóstol de Jesucristo, porque sin duda sus destinatarios lo conocían bien.
Por otro lado, es importante notar que Juan era una persona idónea para escribir este libro, puesto que él había sido un testigo directo de todo el ministerio público de nuestro Señor Jesucristo, era uno de sus doce apóstoles y además era bien conocido en las iglesias de la época. Miremos lo que él mismo dice al comenzar su primera carta:
(1 Jn 1:1-4) "Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido."
La sencillez y humildad de Juan al hacer referencia a sí mismo son significativas, sobre todo si recordamos que tanto él como su hermano Jacobo habían pedido al Señor el privilegio de sentarse a su derecha y a su izquierda en el reino de los cielos. Ellos, al igual que el resto de los apóstoles, ambicionaban ocupar los primeros puestos, pero el Señor les enseñó una importante lección:
(Mr 10:42-44) "Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos."
Ahora vemos que Juan había llegado a considerar como un alto honor ser un siervo de Dios y de los hombres.

Los destinatarios

El texto nos dice que esta revelación fue dada "para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto", de donde deducimos que los destinatarios de este libro eran "sus siervos".
Ahora bien, ¿quiénes son estos "siervos" a los que se dirige esta profecía? Seguramente debemos pensar que tiene que ver con todo aquel que lee u oye y guarda estas cosas, tal como aclara el versículo 3:
(Ap 1:3) "Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca."
Sin duda, esta es una forma de referirse a los creyentes. Ellos son los que sirven a Dios de acuerdo a lo que él mismo ha revelado de su persona y voluntad. De hecho, es frecuente que el libro de Apocalipsis se refiera a los creyentes como los siervos de Dios: (Ap 2:20) (Ap 6:11) (Ap 7:3). Y sabemos por otras partes de las Escrituras que Dios se complace en revelar sus planes a sus siervos: (Gn 18:17-18) (Am 3:7) (Jn 15:15).
Por otro lado, un poco más adelante, veremos que Juan escribió a las siete iglesias en Asía, quienes seguramente fueron los primeros receptores de Apocalipsis (Ap 1:4).

El contenido

(Ap 1:2) "Que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto"
El contenido de la revelación de la que Juan va a dar testimonio es el siguiente:
  • La Palabra de Dios.
  • Y el testimonio de Jesucristo, de todas las cosas que vio.
La idea que quiere transmitirnos es que no omitió nada.
Notemos también su afirmación de que lo que estaba escribiendo era "Palabra de Dios". Y hay que recordar esto, especialmente en nuestros días, cuando hay tantos teólogos que critican este libro. Rechazarlo implica necesariamente negar el testimonio de uno de los apóstoles del Señor Jesucristo, pero también, y mucho más grave, implicaría rechazar las profecías que el mismo Señor nos dejó.
En este punto, tal vez sea conveniente reflexionar acerca del porqué a algunos teólogos les desagrada tanto el libro de Apocalipsis y niegan su inspiración divina. Ellos dicen que contiene muchas cosas raras y extravagantes que no se pueden tomar en serio. Por otro lado, les resultan más atractivas las profecías del Antiguo Testamento, donde se denuncian cuestiones sociales muy de moda en nuestros días. Pero en realidad, parece que donde realmente tienen el problema es en aceptar el tema central del libro de Apocalipsis: Dios va a intervenir directamente en este mundo, y lo va a hacer para establecer el reinado universal de su Mesías, y esto no dependerá de ninguna contribución humana, de acuerdos políticos o económicos a los que el hombre pudiera llegar. Y este es el punto que parece molestarles especialmente. Ellos no creen que Dios haya intervenido realmente en este mundo, ni que lo vaya a volver a hacer. Niegan por igual la Encarnación del Hijo de Dios así como la posibilidad de su Segunda Venida. Y todo esto es realmente peligroso, porque la religión que impondrá el anticristo cuando se presente en este mundo, se basará en el mismo principio que ellos sostienen: no hay un Dios ahí afuera, ni nadie a parte de nosotros mismos que pueda cambiar este mundo. Así que no será de extrañar si cuando el anticristo se manifieste, muchos de los teólogos que rechazan el libro de Apocalipsis sean los primeros en ofrecerle su apoyo.
Por otro lado, hay muchos que acuden al libro de Apocalipsis intrigados por lo que va a ocurrir en el futuro. Es un hecho que el hombre siempre ha tenido interés en conocer el futuro. Muchas personas leen fielmente los horóscopos, buscan a los lectores de las cartas del Tarot, dejan que les lean la palma de la mano, se alimentan de películas futuristas de ciencia ficción o se introducen plenamente en el ocultismo intentando inútil y pecaminosamente obtener información sobre el futuro.
Sin embargo, todos estos intentos por conocer el futuro son en vano. Sólo hay uno que conoce y declara el futuro: Dios. Y sólo en las Escrituras puede encontrarse la verdad revelada por él.
(Is 46:9-10) "Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero."
Y Apocalipsis forma parte de la revelación segura de Dios que trata acerca de los acontecimientos futuros que van a ocurrir en este mundo. A lo largo de su estudio veremos la "hoja de ruta" que Dios ha fijado para establecer el reino de su amado Hijo en este mundo.

Propósito

En cuanto a su propósito, se nos dice que fue dada "para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto".
Ahora bien, los eventos del porvenir de los que habla este libro y que han de suceder pronto, tienen que ver fundamentalmente con la "manifestación" futura del Señor Jesucristo en gloria, y esto va a afectar a todo el mundo, por lo que debemos estar bien preparados.
Para entender cómo nos va a afectar esta manifestación gloriosa del Señor Jesucristo, tal vez nos puede ayudar una historia del Antiguo Testamento. En (1 R 1-2) se nos relata cómo el rey David preparó la "manifestación" del rey Salomón. En aquellos días David era ya muy viejo, y aprovechando la situación, un hijo suyo llamado Adonías se autoproclamó rey en Israel. Cuando David tuvo noticia de esto por medio de su mujer Betsabé y del profeta Natán, reaccionó rápidamente organizando la entronización de su hijo Salomón tal como él había determinado tiempo atrás. Para ello, hizo montar a su hijo sobre su mula, llamó a todos sus siervos para que le acompañaran, también el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo ungieron como rey, e hicieron tocar trompeta diciendo "¡viva el rey Salomón!" y finalmente se sentó en el trono de David y reinó. Ante estos hechos, Adonías se puso muy nervioso y la gente que estaba con él comenzó a marcharse. Era peligroso estar en el bando opuesto cuando David estaba manifestando quién era el auténtico rey.
Esta historia sirve para ilustrar lo que Dios va a hacer pronto cuando manifieste públicamente quién es el verdadero Rey de este mundo. Los cielos se abrirán para presentar al Señor Jesucristo en toda su gloria y majestad. Vendrá rodeado de sus santos ángeles en medio de grandes señales cósmicas y reunirá a todos aquellos que han creído en él (Mt 24:29-31). Entonces todos los linajes de la tierra que se han opuesto a él se darán cuenta de que estaban en el bando equivocado y buscarán sin éxito un lugar donde esconderse. Y el Señor nos explica estas cosas para que de antemano nos coloquemos en la posición correcta y no nos mezclemos con el bando opuesto.
Por otro lado, notemos que dice que estas cosas "deben" suceder. Esto denota el cumplimiento absolutamente seguro del plan de Dios. La historia no es un mero azar, una sucesión de diferentes épocas que no conducen a ninguna parte, sino que por el contrario tiene un propósito establecido por Dios. Y esa meta tiene que ver con nuestro Señor Jesucristo gobernando este mundo en justicia.
Además, estas cosas deben suceder "pronto". Ahora bien, no olvidemos que se trata del tiempo de Dios y no del nuestro, y "que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día" (2 P 3:8). En cualquier caso, aunque debemos entenderlo según el reloj de Dios, y teniendo claro que de ningún modo pretende definir algún límite de tiempo concreto para su cumplimiento, no obstante, la proximidad de estos acontecimientos nos debe motivar a vivir en santidad y obediencia:
(2 P 3:14) "Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz."
Es verdad que ya han pasado muchos años desde que esto fue escrito, y tal vez muchos creyentes han empezado a enfriarse, tal como el Señor Jesucristo advirtió que pasaría en los últimos tiempos: "y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará" (Mt 24:12). También en otra ocasión contó la parábola de un siervo infiel que razonaba y actuaba de la siguiente manera: "Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse" (Lc 12:45).
Pero según el libro de Apocalipsis, todo lo que allí se dice va a suceder de forma inminente. Para convencernos de ello, vuelve a repetir la misma idea dos versículos más adelante: "El tiempo está cerca". Esta insistencia nos debe mantener despiertos y alerta en nuestra vida espiritual.

Una bienaventuranza

(Ap 1:3) "Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca."
En Apocalipsis hay un total de siete bienaventuranzas dispersas por todo el libro, de las que esta es la primera (Ap 1:3) (Ap 14:13) (Ap 16:15) (Ap 19:9) (Ap 20:6) (Ap 22:7) (Ap 22:14).
En este caso, la bienaventuranza es para aquellos que leen u oyen y guardan las palabras de esta profecía. Ningún otro libro de las Escrituras contiene una promesa así. Quizás en este caso se deba al hecho de que Dios sabía de antemano que muchos habrían de descuidar el contenido de este libro. O tal vez se deba a que puesto que este es uno de los libros más difíciles de toda la Biblia, por esa razón tiene una bendición especial para aquellos que lo estudian y meditan en él.
La bienaventuranza es para aquellos que leen u oyen. Recordemos que en el mundo antiguo muchos no sabían leer, así que escuchaban durante la lectura pública de las Escrituras. Notemos de paso que en aquel tiempo la lectura pública de las Escrituras ocupaba un lugar central en el culto de la iglesia primitiva y del judaísmo, algo que se ha perdido en muchas iglesias en la actualidad.
Pero la bienaventuranza no era para los que únicamente leen, sino para los que guardan las cosas escritas en ella. Y por supuesto, "guardar" no se refiere a la mera custodia del libro, sino a su obediencia en la vida diaria. Y al final del libro se nos advierte muy seriamente acerca de la posibilidad de cambiar su contenido (Ap 22:18-19). Es decir, "guardar" implica hacer caso a todo el contenido del libro sin quitar nada de él y sin añadirle.
Todo esto sólo puede ser así porque Juan considera este libro como Escritura Sagrada. Si fuera un libro humano, no podría tener este tipo de bendición.
¿Cómo nos puede bendecir este libro? Siempre que miramos hacia el cielo y al futuro glorioso que Dios describe en Apocalipsis, esto nos apartará del mundo, mientras que si miramos al mundo, nuestra mirada se desviará del cielo.
Y por último, notamos que se refiere a este libro como "las palabras de esta profecía". Sin lugar a dudas la palabra "profecía" incluye la idea de predicción, y por cierto, hay muchas en este libro. Pero básicamente esta expresión señala el origen divino de estas palabras.

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